Pirámides

¡Tengo otra! ¡Tengo otra! ¡Oh, Dios mío! ¡Un mail para una entrevista de trabajo! Y con ésta ya van un total de… puff, dos en un mes. Madre mía, si sigue este ritmo trepidante voy a necesitar a alguien para que me ayude a gestionar mi apretadísima agenda (Advertencia: me da igual cómo le vaya al resto del planeta, al que me diga que ya me puedo dar por contenta con un par de entrevistas al mes le arreo. Luego no digáis que no aviso).

¡Una entrevista! ¿Donde está el champán?

¡Una entrevista! ¿Donde está el champán?

Después de intercambiar dos o tres correos para confirmar sitio y hora, que me recuerden que tengo que ir bien vestida y que me den largas con los detalles de la oferta de trabajo, me planté con toda mi ilusión (y lápiz de ojos con purpurina, pero esa es otra historia) en una oficina de la calle Orense.

Lo primero que llama la atención es el par de personas (supones que azafatos) que esperan en el portal para indicarte el piso y puerta exactos.
Bueno, es un buen detalle y seguro que implica que la empresa en cuestión (de la que no he conseguido averiguar el nombre aún, sólo que es una multinacional) tendrá mucha pasta.
Los otros dos azafatos de la segunda planta y las cuatro personas que están ahí para recibirme me parecen un poco excesivos, pero vete a saber, a lo mejor es una costumbre del país de origen de la compañía.

Y es que hasta que no te pasan a la sala donde tendrá lugar la reunión no te das cuenta. La entrevista grupal de la que te habían hablado no será de unas 10 personas. En esa sala de reuniones, en la que cabría mi apartamento enterito, hay por lo menos otras 120 personas (porque sí, me paré a contar sillas y filas para poder hacer el cálculo y poder alucinar en colores con conocimiento de causa).
Por supuesto, la entrevista grupal no es tal, es en realidad una charla sobre la empresa (de la que por fin descubres el nombre y resulta ser una de esas dedicadas a vender productos dietéticos milagro, perdón, suplementos alimenticios).
No es exactamente lo que estabas esperando, pero no pasa nada. Una charla no va a matarte.

Las entrevistas en grupo ya no son lo que era

Las entrevistas en grupo ya no son lo que era

Mientras esperas pacientemente (o no tanto, la verdad) a que comience, te pasan un test, pero no un bolígrafo. Supongo que dan por hecho que no hay nadie en el mundo que salga a la calle sin uno. Yo, cuando salgo de casa, es lo primero que compruebo. Las llaves, el monedero y el móvil son secundarios, sin un boli yo no me marcho.
Acabamos rellenando el test en cuestión con portaminas, lápices, rotuladores, plastidecores y algún perfilador de ojos hasta que a alguna mente brillante de la organización le pareció adecuado darnos algo con lo que escribir.

El test, además, era interesantísimo y un claro indicador del perfil de empleado que buscaban. Te preguntaban cosas como tu edad, quién te había contactado o cómo y cuándo conociste la compañía.
Pero era la última pregunta la que más pistas daba: “¿Tienes internet en casa?”. Ese es el momento de inquietarse, porque aunque no tengo detalles del puesto, lo que sí tengo claro es que a mí me han llamado (o escrito, lo que sea) para un servicio de atención al cliente post-venta. ¿Para qué quieren saber si tengo internet? ¿Es teletrabajo? No es que tenga problemas al respecto, pero sí que me sorprende porque en este país el concepto de teletrabajo es medio marciano.

Una vez rellenados y recogidos los cuestionarios llega el momento cumbre. Una charla de 45 minutos hablando de una empresa de productos dietéticos. 45 minutos enteros sobre crecimiento de negocio, investigaciones dirigidas por ganadores del Premio Nobel y todos y cada uno de los patrocinios deportivos jamás imaginados por el hombre. No lo habría aguantado ni aunque la empresa hubiera sido interesante, que no lo era.

Productos dietéticos: aún más aburridos de lo que pueda parecer

Productos dietéticos: aún más aburridos de lo que pueda parecer

Supongo que ese es el sistema, debilitarte el cerebro y la voluntad para que no te escandalices cuando llegan a lo que realmente les interesa. Lo que intentan venderte es un sistema de venta fría y, para hacerlo aún mejor, piramidal.

No sabía que existían compañías de venta piramidal en España. Me sorprende aún más que se permita esta forma de negocio en cualquier país civilizado, sin embargo, es verdad que no se obliga a nadie y supongo que si te lo montas bien puedes ganar bastante dinero.

Por si hay alguien en la sala que no lo conozca, explicaré brevemente en qué consiste. Este sistema implica que tus ingresos vienen directamente de las comisiones de venta. Directa y únicamente. Es decir, no hay salario base. Si no hay ventas, no cobras.
Lo que lo hace atractivo es la posibilidad de formar grupos de trabajo cuyos beneficios también te reportan comisiones a ti.

Ejemplo. Yo, decidiendo que jamás tendré un mal mes, me pondré enferma o tendré un accidente que me impida trabajar y continuar formando mi pequeño imperio, me pongo a vender los productos de la importantísima multinacional en cuestión.
Como me va muy bien y además no tengo escrúpulos para liar a amigos, conocidos y familiares, monto un equipo con Pepa, Lucrecia y Hortensia, quienes además de nombres pasados de moda, tiene un talento sorprendente para vender y el añadido de ser muy hacendosas, por lo que cada una de ellas decide formar su propio grupo.

Una vez que llega el cierre de mes yo cobro mis comisiones, cobro por los ingresos de Pepa, Lucrecia y Hortensia y, porque ellos son así de generosos, cobro por las ganancias de cada uno de sus equipos. Ole, ole, ole.

Esta compañía, en concreto, paraba en este tercer nivel, pero supongo que en determinados negocios el sistema se podría repetir ad infinitum. O ad nauseam, dependiendo de tu estado de ánimo.

Sistemas piramidales: esos grandes incomprendidos

Sistemas piramidales: esos grandes incomprendidos

Haciendo un profundo esfuerzo (y pensando en lo graciosa que quedaría una entrada en el blog sobre el tema, para que engañarnos) aguanté como una jabata otros 25 minutos. Sin bostezar ni nada.
Hasta que el hombre que hablaba (o chico, porque si tenía más de 20 años yo soy monja) dijo algo parecido a “y ahora algunos compañeros nos van a hablar de cómo entraron en nuestra empresa y sus experiencias en ella”.

Me gustaría pensar que mi “hasta aquí hemos llegado” fue dicho en un susurro prácticamente inaudible y que hice una salida de lo más discreta, pero soy yo y tampoco me llevo a engaños. Probablemente en el piso de abajo se preguntaron si había un elefante en el edificio.

Me llaman la reina del sigilo

Me llaman la reina del sigilo

Lo gracioso es que detrás de mí comenzaron a salir ríos de gente tan encantados con la “entrevista” como yo. Y lo que terminó de alucinarme es que la mayoría (si no todos) íbamos medio engañados. O más bien, engañados del todo. Yo pensaba que era un servicio de atención post-venta, pero es que las chicas que iban conmigo en el ascensor pensaban que venían a entrevistas de asistente personal, secretaria y teleoperadora de recepción.
Lo mismito, vamos

La que sí dolió

El problema es que no todos los sistemas piramidales parecen un timo o una variante de la esclavitud. Lo malo, es que hay algunos que de verdad tientan.

Un amigo me consiguió otra entrevista en su asesoría financiera… (está bien, han sido más de dos entrevistas en un mes, han sido un total altísimo de cuatro, pero, parafraseando a Amy March: no hacen falta muchas entrevistas, con una es suficiente… siempre que sea la adecuada. Es evidente por el hecho de que sigo sin trabajo que la adecuada aún no ha llegado).

Amy sabía de lo que hablaba

Amy sabía de lo que hablaba

Como iba diciendo, un amigo me consiguió una entrevista en una asesoría financiera. El trabajo (ayudar a la gente normal a ahorrar sin cobrarles nada) no podía gustarme más, la entrevista fue a las mil maravillas, encajaba en el perfil de lo que buscaban como un guante, la empresa pagaría cualquier formación que necesitara y además el entrevistador estaba bastante bueno. No se podía pedir más.

Salí de ahí como en una nube, absolutamente segura no sólo de que había superado la primera fase, si no que iban a hacerme una oferta antes de que acabara la semana. Incluso llamé a mi hermano mayor toda emocionada para contárselo. Y mientras yo le hablaba con toda la ilusión del mundo de mi futuro trabajo, él sólo emitía esos mhps que no son ni un sonido pero que suenan a una sorprendente (e irritante) mezcla de “yo sé algo que tú no sabes” y “angelito mío, que inocente eres” con cierta condescendencia involuntaria. Hay que conocer a mi hermano para poder entender en toda su gloria como un simple resoplido puede transmitir tanto.
Así que después del quinto mhps acabé preguntando qué era lo que no le gustaba. Mi hermano, que me quiere y no le gusta quitarme las ilusiones, sólo me dijo “yo no lo aceptaría si no ofrecen salario base”.
“¿Cómo no va a tener salario base?”, respondí casi indignada, “hay que ver lo desconfiado que eres a veces”.

Sólo el tener que darle la razón me jodió molestó más que el que efectivamente no hubiera salario base. ¿Será posible que alguna vez sea yo la que tiene razón y él el que se equivoque? Sólo una vez, si no es tanto pedir.

Volviendo a la asesoría, el motivo para no cobrar a los clientes es que se cobra a las empresas cuyos servicios contratan. Y sí, todo el circo de vivir sólo de comisiones, montar equipos y cobrar por sus ganancias es igualito al anterior.
Es una pena que al señor Iberdrola no le preocupe que coja la gripe y no pueda ir a trabajar.

Caer desde ahí, duele

Caer desde ahí, duele

Al menos me consuelo en que aún no ha aparecido nadie que me diga que debería darle una oportunidad al tema.

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2 pensamientos en “Pirámides

  1. se llaman sistemas multinivel y muchos lo consideran ka empresa del siglo 21.Las empresas piramidales son las tradicionales ..arriba hay un jefe que es el que más gana y por debajo de él gente que generalmente trabaja más y gana menos ,100%piramidal.En mi opinión la parte buena del multinivel, es que el que empieza abajo puede superar a los que están arriba si trabaja mejor que ellos , ya que se asciende por ventas y se cobra por rendimientos, suprimiendo los enchufes y los trabajadores parásitos ( rollo funcionarios).Te recomiendo ver videos de Robert Kiyosaki sobre el multinivel.Es una opción de trabajo innovadora y respetable, aunque comparto que no todo el mundo vale para este tipo de trabajo

    • No tengo nada contra este tipo de negocio en principio (aunque es verdad que no me gusta) y siento si he dado esa impresión, pero es verdad que yo no tengo madera de comercial y además necesito cierta seguridad económica en mi trabajo aunque sólo sea por mi salud mental, por eso (y sólo por eso) no acepté el trabajo de la asesoría.
      El otro, el de los productos dietéticos, me indignó más por la forma que por el fondo. Si me dices de qué va el tema yo decido si me interesa o no, pero no me vendas una moto porque lo único que va a pasar es que, aunque sí que sea buen comercial, no voy a querer trabajar en una empresa que necesita engaños para reclutar personal. Una empresa normal no necesita mentirte y menos en las actuales circunstancias

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