Consiguiendo el nuevo trabajo

Entre los cambios de esta temporada, el más importante (al menos para mí) es el trabajo nuevo. Ahora mismo llevo un servicio de atención al consumidor de una empresa internacional de alimentación. Por aquello de no hacer publicidad y el qué dirán omitiré el nombre, pero cualquiera que entre en mi perfil de Linkedin podrá hacerse una idea muy clara de que probablemente ahora mismo, en vuestra cocina más cercana, haya una botella de aceite con el nombre de mi empresa en alguna parte de su etiqueta.

Si os preguntáis de dónde salió este trabajo nuevo, he de confesar que no sois los únicos. Porque por interesante que pueda llegar a ser lo que estoy haciendo ahora, el proceso de selección, desde luego, lo fue mucho más.

La primera noticia que tuve fue una llamada/entrevista telefónica de una empresa de selección de personal sobre una oferta en la que me había inscrito unos meses atrás. Considerando mi desesperación por encontrar algo de esa época, eso sólo lo reducía a unas 100.000 opciones. Además, hay que tener en cuenta que no mandaba el mismo currículum siempre, sino que lo adaptaba a la oferta, así que no tenía ni idea de cuál de las 18 versiones estábamos hablando.

No creo que pueda llegar a explicar lo que es hacer una entrevista sorpresa sobre una oferta que no recuerdas sin tener claro que ponía en el curriculum que la amable señorita tiene delante. No es como hacer un examen sorpresa sin haber estudiado, creo que sería más como hacer un examen sorpresa sin tener muy claro ni en que asignatura estás.

Es probable que mi cara fuera algo parecido a esto

Es probable que mi cara fuera algo parecido a esto

Supongo que con los años he perfeccionado ese bonito arte de hablar sin decir nada realmente comprometido pero pareciendo que sí, tan típico de los políticos y los relaciones públicas, porque unos días después estaba en la segunda fase del proceso, y en la entrevista de trabajo más surrealista jamás contada, con mi actual jefe.
Él dice que no se le da bien hacer entrevistas y que por eso se dedica a charlar. Yo creo que es alguna clase de plan perverso para descubrir la capacidad de los candidatos para reaccionar ante lo inesperado.

Aún no tengo muy claro lo que pasó. Sólo sé que empecé contando mi experiencia previa y de pronto estaba hablando de Expocómic, sus autores, algunos cotilleos y anécdotas varias surgidas de mis tiempos en su departamento de prensa.
Un rato después, parecía que la entrevista había retomado los cauces normales de estas cosas, pero antes de darme cuenta estaba explicando por qué prefiero los cómics de superhéroes a los mangas.
No sé muy bien cómo, pero en algún momento el tema derivó a Aaron Sorkin, el Ala Oeste de la Casa Blanca y las muchísimas ganas que tenía de que llegara la segunda temporada de The Newsroom (y si no la estáis viendo, ya estáis tardando).

La parte buena, conseguí pasar a la fase 3. La parte mala… ahora mi jefe me amenaza con hacerme spoiler cuando quiere meterme prisa con algo.

La tercera entrevista fue con Recursos Humanos y mucho más normal, aunque también tuvo sus momentos. Cuando me preguntaron por mi rango salarial, fui de esas personas raras (y algo insensatas) que opta por la sinceridad. La pobre mujer me miró con seriedad (y juraría que con algo de impaciencia) y me dijo “hablo del sueldo completo, incluyendo los complementos”. Cuando le confirmé que eso era mi sueldo completo me volvió a mirar, esta vez con sorpresa: “bueno, tendrías tus ventajas sociales, ¿no?”. Cara de circunstancias, niego con la cabeza. Ella empieza a parecer escandalizada: “Al menos te pagarán el transporte”. Y mientras vuelvo a negar, no puedo evitar elevar una plegaria de agradecimiento por ser capaz de controlar el inminente ataque de risa.
El resto de la entrevista fue bien, pero aún estoy casi segura de que la buena mujer se quedó con ganas de darme un abrazo o un bocadillo para el camino.

La cuarta llamada se hizo de rogar y cuando me dijeron que en vez de confirmarme si me iban a dar el puesto o no, iba a tener una nueva entrevista, comencé a impacientarme un pelín. Pero, ea, vale, otra entrevista tendríamos, esta vez con el director general.

Para dejarlo claro, aunque las comparaciones son odiosas, sólo diré que para conseguir el trabajo de teleoperadora para cierto banco de color rojo en el que tenía acceso a información realmente sensible de un montón de gente, tuve una única entrevista con otras 6 personas de no más de 15 minutos de duración.
Este proceso, que más tarde supe que había durado más de seis meses, requirió tres filtros y el visto bueno del señor que dirige la compañía. Supongo que para algunas empresas, el trato con sus clientes es más importante que para otras.

Eso sí, cuando llegó la quinta llamada yo ya tenía muy claro que si era para otra entrevista, más valía que fuera con el Emperador Palpatine en persona.

El siguiente escalafón ya era Emperador de la Galaxia

El siguiente escalafón ya era Emperador de la Galaxia

Pero no, fue para firmar un contrato indefinido con un buen sueldo, ventajas sociales y la compensación completa del sueldo en caso de baja.
Sí, sé que teniéndolo todo en cuenta, me ha tocado la lotería.

Explicar a qué me dedico en mi día a día no es del todo fácil. Por supuesto hay mucha gestión telefónica y algo de Redes Sociales, pero a partir de ahí…
Un día me puedo encontrar inmersa en las maravillas de la química orgánica (que no es nada maravillosa cuando eres tan de letras como servidora), otro puedo estar haciendo una tesis sobre transgénicos y el siguiente irme de excursión a una empresa de realidad virtual.
Hay dos cosas fantásticas en este curro: nunca me aburro y no dejo de aprender. Tener conversaciones realmente divertidas con lo más variado que puede ofrecer este país, es sólo un bonus extra.

Desde luego, podría ser peor…

13 Consejos para Entrevistas de Trabajo

Sólo por si acaso, dejemos las cosas claras desde el principio: no soy técnico de Recursos Humanos y jamás en mi vida he participado en ninguna clase de proceso de selección en otro rol que no haya sido el de entrevistada.
Sin embargo, sí que es cierto que he estado en algunos (muchos) y he sido testigo de otros tantos. Toda esta recopilación se basa simple y llanamente en observaciones e impresiones personales y en alguna que otra conversación y anécdota con gente que sí ha seleccionado personal.

Mi teoría con las entrevistas de trabajo es que es igual que seducir a alguien en una cita. Lo más difícil, conseguir quedar para que te quieran conocer mejor, ya está hecho. A partir de ahí, la misión es hacerles entender por qué tú eres la mejor opción de entre todos los candidatos disponibles. Por eso, la confianza en uno mismo y la preparación son fundamentales antes, durante y después de la entrevista.

Antes

1. Investiga la empresa
Google es tu amigo. Hacer una búsqueda rápida no te cuesta ningún esfuerzo y te puede servir de mucho. Llegar a la entrevista conociendo la empresa, aunque sea por encima, demuestra interés, previsión e iniciativa. Nunca he visto a un responsable de selección al que eso le haya causado otra cosa que buena impresión.

Además, tiene otra ventaja. Con la crisis, siempre hay algún listillo que se quiere aprovechar de la necesidad de la gente. Aunque por suerte no son muchas, algunas ofertas de trabajo tienen truco, eso si no son directamente un timo. Entrar en algún foro y leer opiniones puede ahorrarte tiempo e incluso algún disgusto.

2. Cómo llegar
Decide con tiempo cómo vas a ir hasta el sitio de la entrevista. Si vas en coche, comprueba que es una zona en la que puedes dejarlo con relativa facilidad y asegúrate de que conoces el camino. Andar preguntando direcciones con los nervios de punta y el miedo de llegar tarde puede provocarte aún más ansiedad y la idea es llegar lo más relajado posible.

Lo mismo sirve para transporte público. Comprueba la ruta, horarios, precios del billete si tienes que comprarlo, etc. Perder una oportunidad por no mirar las horas a las que pasa el Cercanías es de juzgado de guardia.

Correr detrás del tren es muy poco divertido

3. Ropa
Decide lo que te vas a poner con tiempo, incluso el día anterior, y si es algo que hace mucho tiempo que no usas, no está de más que te lo pruebes por si acaso.
Debes vestir formal y bien, por supuesto, pero también tienes que procurar adecuar tu ropa a la oferta. No tiene ningún sentido que aparezcas con un traje de tres piezas para un puesto de camarero de cafetería.

Eso no significa que si el puesto es de baja cualificación te plantes con unas zapatillas de deporte medio raídas, una sudadera cutre y unos pantalones con manchas tan viejas que ya han desarrollado identidad propia. Unos vaqueros son más que aceptables, pero recuerda que una camisa o un polo nunca han matado a nadie.

Y los zapatos limpios, por favor. Da igual lo bien que te siente esa corbata o lo mona que estés con un traje de chaqueta si por tus zapatos se podría decir que has estado pegando saltos en el lodazal más cercano.

Pero lo más importante es que recuerdes que estás buscando trabajo, no un ligue en Pachá. Escotes de vértigo, pantalones marcapaquetes, camisetas marcapectorales o faldas-cinturón no quedan tan bien a la luz del día.

4. Maquillaje y Peluquería
Nunca vayas a una entrevista de trabajo con más maquillaje del que estés dispuesta a llevar a diario. Parece una tontería, pero cuando, al cabo de un par de días o semanas empieces a pintarte menos, de alguna forma la sensación que vas a dar es que te estás volviendo descuidada porque ya no tienes tanto interés en el trabajo. Es algo totalmente psicológico y no tiene por qué coincidir con la realidad en absoluto, pero el pensamiento es casi inevitable.

De todas formas, yo soy de la teoría de que cuanto menos pintura mejor. Entiendo, sobretodo si la entrevista es muy temprano, que algo de base y corrector para disimular las ojeras es más que necesario, pero de las capas de Titanlux se puede prescindir.

Si es necesario que te arregles más, lo notarás o te lo harán saber. Sin embargo, es mejor parecer natural que vanidosa o artificial.

También recomiendo, encarecidamente, probar el maquillaje antes si es nuevo. Y no me refiero a nuevo en plan “es una marca que no había usado antes, voy a asegurarme de que no me dé alergia”. Me refiero a cualquier cosa que no hayas usado previamente aunque sea de tu marca de toda la vida. A veces vienen estropeados, a veces vienen mal etiquetados y a veces no te has fijado en que has cogido el lápiz de ojos con glitter en vez del normal.

Llegar tarde a una entrevista porque tus ojos tenían purpurina no es una buena excusa. Aparecer como si vinieras de empalmada de una fiesta de Nochevieja, tampoco es divertido. Por supuesto, éste es un ejemplo al azar, que le puede pasar a cualquier persona y no está en absoluto basado en un hecho real.

En cuanto al pelo, no voy a caer en obviedades del tipo “llévalo limpio”, pero sí que te voy a recomendar que si lo tienes rebelde o rizado te lo recojas, aunque sea un poco. No digo que te hagas un planchado de peluquería, pero los rizos descuidados o el pelo fosco dan sensación de desorden. Es injusto, pero la vida no es justa. Si no tienes unos tirabuzones de anuncio, unas horquillitas no estarán de más.

Muy mono, pero poco probable que consigas el puesto

5. Imprime el currículum
Lo normal es que el entrevistador tenga una copia, pero hay un millón de circunstancias por las cuales podría no ser así y siempre es mejor que la persona que se encarga de hablar contigo tenga un apoyo visual donde ver y comprobar lo que le estás contando.

Y también te puede ayudar a ti, los nervios pueden ser traicioneros y provocar que se te olvide algo, pero si lo tienes delante (aunque sea al revés porque la otra persona lo está leyendo) es más fácil que recuerdes lo que en otro caso se te podría olvidar.

En algunas empresas, si no lo traes contigo, te dan un formulario para que lo rellenes. A mí me parece que queda cutre y la impresión general, aunque no seas consciente, es que eres poco previsor. Además, siempre es mejor hacer el currículum como tú quieres, destacando u omitiendo lo que te interesa, que tener que seguir una plantilla.

Y la foto ayuda mucho a que te recuerden después.

Durante

6. Puntualidad
Sé puntual. Es más, llega 5 o 10 minutos antes, para asegurarnos. Aunque tampoco te pases. Insisto en que esto es como una cita. A nadie le gusta el chico ansioso y desesperado por conseguir quedar contigo. El que nos atrae es el que parece que ni nos ha visto. No tiene sentido, pero es así.

Con las entrevistas pasa lo mismo, el que llama la atención no es el que está ansioso y desesperado por el trabajo, sino el que actúa como si no lo necesitara. Y, aunque lo parezca, no es por tocar las narices, es una cuestión de seguridad en uno mismo.

Tampoco vayas de rey del mundo, una cosa es sentirse seguro y otra pasarse de listo.

7. Lectura
En 9 de cada 10 casos te va a tocar esperar un ratito en lo que la persona que con la que has quedado puede atenderte. En la mayoría de ellos, además, los “un momentito, en seguida sale a recibirte” son eufemismos de “va a pasarse 45 minutos al teléfono”. Como encima te ofrezcan algo de beber, es probable que empiecen a salirte raíces antes de que entres a la entrevista.

Así que llevarte algo para leer no está de más. Sólo ten un poco de cabeza antes de elegir la lectura. 50 Sombras de Grey puede estar muy de moda y El Jueves puede ser muy divertido, pero a lo mejor la persona que te va a atender es muy conservadora y lo considera simple y pura pornografía (en el caso específico de 50 Sombras a lo mejor considera que tu gusto literario es un asco, pero no es el tema ahora mismo).

La saga de moda te puede esperar en casa

La saga de moda te puede esperar en casa

8. El Saludo
De esto se ha escrito hasta la saciedad y mucho me sorprendería que no hubiera incluso tratados enteros sobre ello, pero es que es importante.

Hay a quien le gusta dar dos besos, quien sólo te ofrece la mano, quien directamente te hace pasar y no hace amago de saludar… Mi consejo es que dejes que el entrevistador sea quien te guíe y lleve la iniciativa. Lo más normal es que ellos sean conscientes de que la otra persona no tenga claro el grado de confianza y que den el primer paso, pero sé observador. Es decir, fíjate en lo que hace y en su lenguaje corporal. Si comienza a alzar la mano, no vayas tú a darle dos besos y si extiende un poco los brazos para invitarte a pasar a una sala, no le des un abrazo (hecho real).

Lo demás, creo que lo sabe todo el mundo: ni muy fuerte ni muy flojo (puede implicar arrogancia o inseguridad), ni por encima ni por debajo (complejo de superioridad o inferioridad), ni limpiarse la mano en el pantalón justo después (también hecho real) porque muy probablemente al entrevistador no le haga demasiada gracia.

9. Escucha antes de hablar
Este consejo debería seguirse en cualquier aspecto de la vida, así, en general. En una entrevista de trabajo, en particular, te puede ser de gran ayuda para saber qué es lo que están buscando en el candidato.

Ya han visto tu currículum antes de llamarte, ya saben lo que has hecho. Evidentemente querrán detalles y tendrán preguntas específicas, pero lo que más les interesa eres tú, tu personalidad, tu actitud y tus cualidades específicas. Muchas veces la forma en la que están planteadas las preguntas dice más de lo que pueda parecer.

No se trata de que les escuches y les vendas la moto, porque mentir en una entrevista es posiblemente lo peor que puedes hacer. Es muy fácil que te pillen y eso te anulará de forma permanente para cualquier posible futura selección para esa empresa.

Sin embargo, si tienes una pista de lo que esperan, puedes centrarte en destacar las aptitudes y cualidades que hacen de ti la persona que mejor encaja en su perfil.

Se trata de vender tus cualidades, no vehículos de dos ruedas

10. Mantén la concentración
Hay un principio de combate (o de videojuegos) que viene a decir que cuanto más te hieren, más te hieren. Esto, que parece redundante, en realidad tiene su lógica. Cuando te alcanzan y te hieren, el dolor y la dificultad para moverte afectan a tu velocidad y reflejos y te convierte en un blanco más fácil con cada golpe.

Con la concentración pasa lo mismo. En un momento dado te da la impresión de que no has dado una buena respuesta. No quieres hacerlo, pero no puedes evitar seguir dándole vueltas mientras la entrevista continúa, te preguntas si el entrevistador ya te habrá descartado, te empiezas a poner nervioso, dudas más en la siguiente respuesta porque esta vez quieres asegurarte de que lo haces mejor, pero entonces, ¿y si ese momento de duda te ha hecho parecer inseguro? ¿Creerá que no tengo claro lo que le estoy contando? Seguro que está pensando que soy medio boba. ¿Y ahora que le digo? Y….

Y para cuando te quieres dar cuenta entras en una espiral descendente de inseguridad y paranoia y lo que era una reunión muy prometedora acaba siendo un desastre que termina con el entrevistador intentando calmarte para que dejes de llorar (hecho real): un antiguo jefe se pasó semanas enteras alucinado y preguntándose qué diablos pudo decir para hacer llorar a la pobre chica, tiempo después descubrimos que todo empezó porque él le pidió que repitiera una respuesta porque no la había oído y ella creyó que era porque no le había gustado lo que había dicho.

Respira hondo, confía en ti mismo, si crees que no te has expresado bien intenta matizarlo, pero, sobretodo, ten en cuenta que no es un examen, no todas las preguntas buscan una respuesta específica. Muchas veces la actitud dice mucho más que las palabras, así que calma.

11. Pregunta
Por si no lo he dejado claro, lo repetiré: la entrevista no es un examen. No es un monólogo. No se trata sólo de que ellos te conozcan a ti. Parte de la gracia es que tú también conozcas la empresa y las personas con las que vas a trabajar. No sólo se te permiten hacer preguntas sino que debes hacerlas si hay algo que no terminas de entender. Sobre el puesto, tus responsabilidades, a quien reportarías o si tienen un microondas para calentar la comida de casa… lo que sea. Salir de ahí sin saber lo que te espera si superas el proceso es absurdo.

En cuanto a si se debe preguntar sobre el sueldo o no, hay mil teorías. Mi opinión es que preguntar directamente cuanto va a ser tu salario neto hasta el último céntimo a lo mejor es un pelín agresivo, pero intentar averiguar de forma más o menos sutil de en qué cifra están pensando no me parece nada descabellado. Sobretodo porque también puede servir para ahorrar tiempo y problemas a unos y a otros.

Preguntar no es malo, no seas vergonzoso

Preguntar no es malo, no seas vergonzoso

12. Interésate por el proceso
Al despedirte (de nuevo deja que sea la otra persona la que te indique si os dais la mano, dos besos o quedáis a tomar unas cañas) no está de más que preguntes por el proceso de selección. Sobretodo, obviamente, cuando tomarán la decisión y si llamarán a todos los candidatos o sólo al seleccionado.

En general, no serán muy específicos, pero te darán una idea de lo que esperar lo que puede ayudar a no obsesionarte con el teléfono que no suena. Además, insisto, mostrar interés nunca está de más.

Después

13. Confirmación
Después de la entrevista ya no hay mucho que hacer salvo confiar en que recibirás la llamada tarde o temprano. Ten paciencia, a veces los tiempos se extienden un poco y los procesos de selección pueden ser más largos y complicados de lo que creemos.

De todas formas, si un día o dos después de que el plazo que nos han dicho se haya cumplido no nos han llamado, no pasa nada por llamar para ver en que punto están. Pero vamos a dejarlo claro: no pasa nada por llamar una vez, a partir de la cuarta entra en la categoría de acoso.

¡Pero dime algo de una vez!

Estos consejos no son infalibles, ni mucho menos, pero me han venido muy bien a lo largo de los años para conseguir trabajo. Desde mi punto de vista, lo difícil es llegar a la entrevista, una vez ahí lo único que puedes hacer es prepararte, ser sincero y natural y confiar en que todo irá bien. Más allá de eso, todo depende de la suerte.

Pirámides

¡Tengo otra! ¡Tengo otra! ¡Oh, Dios mío! ¡Un mail para una entrevista de trabajo! Y con ésta ya van un total de… puff, dos en un mes. Madre mía, si sigue este ritmo trepidante voy a necesitar a alguien para que me ayude a gestionar mi apretadísima agenda (Advertencia: me da igual cómo le vaya al resto del planeta, al que me diga que ya me puedo dar por contenta con un par de entrevistas al mes le arreo. Luego no digáis que no aviso).

¡Una entrevista! ¿Donde está el champán?

¡Una entrevista! ¿Donde está el champán?

Después de intercambiar dos o tres correos para confirmar sitio y hora, que me recuerden que tengo que ir bien vestida y que me den largas con los detalles de la oferta de trabajo, me planté con toda mi ilusión (y lápiz de ojos con purpurina, pero esa es otra historia) en una oficina de la calle Orense.

Lo primero que llama la atención es el par de personas (supones que azafatos) que esperan en el portal para indicarte el piso y puerta exactos.
Bueno, es un buen detalle y seguro que implica que la empresa en cuestión (de la que no he conseguido averiguar el nombre aún, sólo que es una multinacional) tendrá mucha pasta.
Los otros dos azafatos de la segunda planta y las cuatro personas que están ahí para recibirme me parecen un poco excesivos, pero vete a saber, a lo mejor es una costumbre del país de origen de la compañía.

Y es que hasta que no te pasan a la sala donde tendrá lugar la reunión no te das cuenta. La entrevista grupal de la que te habían hablado no será de unas 10 personas. En esa sala de reuniones, en la que cabría mi apartamento enterito, hay por lo menos otras 120 personas (porque sí, me paré a contar sillas y filas para poder hacer el cálculo y poder alucinar en colores con conocimiento de causa).
Por supuesto, la entrevista grupal no es tal, es en realidad una charla sobre la empresa (de la que por fin descubres el nombre y resulta ser una de esas dedicadas a vender productos dietéticos milagro, perdón, suplementos alimenticios).
No es exactamente lo que estabas esperando, pero no pasa nada. Una charla no va a matarte.

Las entrevistas en grupo ya no son lo que era

Las entrevistas en grupo ya no son lo que era

Mientras esperas pacientemente (o no tanto, la verdad) a que comience, te pasan un test, pero no un bolígrafo. Supongo que dan por hecho que no hay nadie en el mundo que salga a la calle sin uno. Yo, cuando salgo de casa, es lo primero que compruebo. Las llaves, el monedero y el móvil son secundarios, sin un boli yo no me marcho.
Acabamos rellenando el test en cuestión con portaminas, lápices, rotuladores, plastidecores y algún perfilador de ojos hasta que a alguna mente brillante de la organización le pareció adecuado darnos algo con lo que escribir.

El test, además, era interesantísimo y un claro indicador del perfil de empleado que buscaban. Te preguntaban cosas como tu edad, quién te había contactado o cómo y cuándo conociste la compañía.
Pero era la última pregunta la que más pistas daba: “¿Tienes internet en casa?”. Ese es el momento de inquietarse, porque aunque no tengo detalles del puesto, lo que sí tengo claro es que a mí me han llamado (o escrito, lo que sea) para un servicio de atención al cliente post-venta. ¿Para qué quieren saber si tengo internet? ¿Es teletrabajo? No es que tenga problemas al respecto, pero sí que me sorprende porque en este país el concepto de teletrabajo es medio marciano.

Una vez rellenados y recogidos los cuestionarios llega el momento cumbre. Una charla de 45 minutos hablando de una empresa de productos dietéticos. 45 minutos enteros sobre crecimiento de negocio, investigaciones dirigidas por ganadores del Premio Nobel y todos y cada uno de los patrocinios deportivos jamás imaginados por el hombre. No lo habría aguantado ni aunque la empresa hubiera sido interesante, que no lo era.

Productos dietéticos: aún más aburridos de lo que pueda parecer

Productos dietéticos: aún más aburridos de lo que pueda parecer

Supongo que ese es el sistema, debilitarte el cerebro y la voluntad para que no te escandalices cuando llegan a lo que realmente les interesa. Lo que intentan venderte es un sistema de venta fría y, para hacerlo aún mejor, piramidal.

No sabía que existían compañías de venta piramidal en España. Me sorprende aún más que se permita esta forma de negocio en cualquier país civilizado, sin embargo, es verdad que no se obliga a nadie y supongo que si te lo montas bien puedes ganar bastante dinero.

Por si hay alguien en la sala que no lo conozca, explicaré brevemente en qué consiste. Este sistema implica que tus ingresos vienen directamente de las comisiones de venta. Directa y únicamente. Es decir, no hay salario base. Si no hay ventas, no cobras.
Lo que lo hace atractivo es la posibilidad de formar grupos de trabajo cuyos beneficios también te reportan comisiones a ti.

Ejemplo. Yo, decidiendo que jamás tendré un mal mes, me pondré enferma o tendré un accidente que me impida trabajar y continuar formando mi pequeño imperio, me pongo a vender los productos de la importantísima multinacional en cuestión.
Como me va muy bien y además no tengo escrúpulos para liar a amigos, conocidos y familiares, monto un equipo con Pepa, Lucrecia y Hortensia, quienes además de nombres pasados de moda, tiene un talento sorprendente para vender y el añadido de ser muy hacendosas, por lo que cada una de ellas decide formar su propio grupo.

Una vez que llega el cierre de mes yo cobro mis comisiones, cobro por los ingresos de Pepa, Lucrecia y Hortensia y, porque ellos son así de generosos, cobro por las ganancias de cada uno de sus equipos. Ole, ole, ole.

Esta compañía, en concreto, paraba en este tercer nivel, pero supongo que en determinados negocios el sistema se podría repetir ad infinitum. O ad nauseam, dependiendo de tu estado de ánimo.

Sistemas piramidales: esos grandes incomprendidos

Sistemas piramidales: esos grandes incomprendidos

Haciendo un profundo esfuerzo (y pensando en lo graciosa que quedaría una entrada en el blog sobre el tema, para que engañarnos) aguanté como una jabata otros 25 minutos. Sin bostezar ni nada.
Hasta que el hombre que hablaba (o chico, porque si tenía más de 20 años yo soy monja) dijo algo parecido a “y ahora algunos compañeros nos van a hablar de cómo entraron en nuestra empresa y sus experiencias en ella”.

Me gustaría pensar que mi “hasta aquí hemos llegado” fue dicho en un susurro prácticamente inaudible y que hice una salida de lo más discreta, pero soy yo y tampoco me llevo a engaños. Probablemente en el piso de abajo se preguntaron si había un elefante en el edificio.

Me llaman la reina del sigilo

Me llaman la reina del sigilo

Lo gracioso es que detrás de mí comenzaron a salir ríos de gente tan encantados con la “entrevista” como yo. Y lo que terminó de alucinarme es que la mayoría (si no todos) íbamos medio engañados. O más bien, engañados del todo. Yo pensaba que era un servicio de atención post-venta, pero es que las chicas que iban conmigo en el ascensor pensaban que venían a entrevistas de asistente personal, secretaria y teleoperadora de recepción.
Lo mismito, vamos

La que sí dolió

El problema es que no todos los sistemas piramidales parecen un timo o una variante de la esclavitud. Lo malo, es que hay algunos que de verdad tientan.

Un amigo me consiguió otra entrevista en su asesoría financiera… (está bien, han sido más de dos entrevistas en un mes, han sido un total altísimo de cuatro, pero, parafraseando a Amy March: no hacen falta muchas entrevistas, con una es suficiente… siempre que sea la adecuada. Es evidente por el hecho de que sigo sin trabajo que la adecuada aún no ha llegado).

Amy sabía de lo que hablaba

Amy sabía de lo que hablaba

Como iba diciendo, un amigo me consiguió una entrevista en una asesoría financiera. El trabajo (ayudar a la gente normal a ahorrar sin cobrarles nada) no podía gustarme más, la entrevista fue a las mil maravillas, encajaba en el perfil de lo que buscaban como un guante, la empresa pagaría cualquier formación que necesitara y además el entrevistador estaba bastante bueno. No se podía pedir más.

Salí de ahí como en una nube, absolutamente segura no sólo de que había superado la primera fase, si no que iban a hacerme una oferta antes de que acabara la semana. Incluso llamé a mi hermano mayor toda emocionada para contárselo. Y mientras yo le hablaba con toda la ilusión del mundo de mi futuro trabajo, él sólo emitía esos mhps que no son ni un sonido pero que suenan a una sorprendente (e irritante) mezcla de “yo sé algo que tú no sabes” y “angelito mío, que inocente eres” con cierta condescendencia involuntaria. Hay que conocer a mi hermano para poder entender en toda su gloria como un simple resoplido puede transmitir tanto.
Así que después del quinto mhps acabé preguntando qué era lo que no le gustaba. Mi hermano, que me quiere y no le gusta quitarme las ilusiones, sólo me dijo “yo no lo aceptaría si no ofrecen salario base”.
“¿Cómo no va a tener salario base?”, respondí casi indignada, “hay que ver lo desconfiado que eres a veces”.

Sólo el tener que darle la razón me jodió molestó más que el que efectivamente no hubiera salario base. ¿Será posible que alguna vez sea yo la que tiene razón y él el que se equivoque? Sólo una vez, si no es tanto pedir.

Volviendo a la asesoría, el motivo para no cobrar a los clientes es que se cobra a las empresas cuyos servicios contratan. Y sí, todo el circo de vivir sólo de comisiones, montar equipos y cobrar por sus ganancias es igualito al anterior.
Es una pena que al señor Iberdrola no le preocupe que coja la gripe y no pueda ir a trabajar.

Caer desde ahí, duele

Caer desde ahí, duele

Al menos me consuelo en que aún no ha aparecido nadie que me diga que debería darle una oportunidad al tema.

Relaciones Públicas Vs. Comerciales

De vez en cuando (muy de vez en cuando, me temo) te llega un correo electrónico o recibes alguna llamada que consigue darte una mínima esperanza en toda esta locura que es el buscar trabajo. Por supuesto es una esperanza efímera, pero la verdad es que te alegra la tarde.

La primera de este año fue para presentarme a una entrevista salida de una oferta de Infojobs que decía “Buscamos jóvenes para cara al público”. Era un encabezado como mínimo ambiguo, pero, oye, por probar.
Así que llegas a la oficina en la que te citan a eso de las 9.25 (la entrevista es a las 9.30 y quieres asegurarte de no llegar tarde) y aparece el primer obstáculo. La única que está es la recepcionista. Y no, por si te lo preguntas no puedes quedarte en la sala de espera en lo que llega alguien más, total, en enero las temperaturas (sobretodo por la mañana) son ideales para esperar unos minutitos en la calle.

Él y tú, los únicos parados en la calle en una mañana de enero

Él y tú, los únicos quietos en mitad de la calle en una mañana de enero

No te queda otra que marcharte y vuelver a la oficina al cabo de un rato, sorprendentemente sin principios de hipotermia, para quedarte esperando a que finalmente decidan llamarte. Porque, por supuesto, no eres ni de lejos la única persona a la que han citado exactamente a la misma hora.

Por fin oyes tu nombre. De pronto te vienen a la cabeza todos los artículos que has leído sobre “cómo triunfar en las entrevistas de trabajo” y te esfuerzas en seguir todas las reglas básicas. Caminas con paso firme, pero no arrogante. Estrechas la mano con fuerza, pero sin pasarte. Ni desde arriba ni desde abajo, no vaya a ser que parezca que te sientes superior o inferior. Sonríes, pero tampoco mucho, que no piense que no te lo tomas en serio. Siéntate recta, pero no envarada que entonces creerán que estás nerviosa porque quién podría imaginar que alguien se pondría nervioso en una entrevista de trabajo, eso es para fracasados, hombre.

Y una vez sentada, vuelves a esperar. A que la persona que te atiende ojee tu currículum y a que te explique de qué va todo eso porque la señorita que te llamó por teléfono fue aún más ambigua que la oferta en Infojobs.
– Bien, Paula, lo que buscamos es una persona muy orientada al trato con el público, sociable y persuasiva (uhhh, persuasiva. Mala palabra, implica ventas seguro).
– Bueno, como podrá observar por mi currículum (debidamente editado, no vaya a ser que vuelva a estar “sobrecualificada”. Odio esa palabra) mi trayectoria laboral se ha centrado casi exclusivamente en atención al cliente (y remarcas atención, para que quede claro).
– Estupendo, porque esa orientación es la que buscamos. Háblame de tu último trabajo.
Y hablas. Y le cuentas lo maravilloso que fue todo y lo bien que te fue y lo bien que te llevabas con todo el mundo y las grandes amistades que hiciste (lo que no deja de ser cierto), pero empiezas a sentirte un poco incómoda porque sin saber de qué va exactamente el puesto que ofrecen no puedes explicarles lo muy, pero que muy bien que encajas en el perfil. Así que vuelves a preguntar.
– Sí, claro, por supuesto (nunca es bueno que empiecen divagando). Nosotros somos una compañía de marketing a la que contratan otras empresas para que nos ocupemos de ciertos servicios de promoción. Esta campaña, en concreto es para la empresa de ADSL XXXX (omitiremos el nombre por aquello de no hacerles publicidad y/o evitar que se sientan ofendidos). En concreto, tu trabajo consistiría en ir a visitar a determinadas personas, confirmar que servicio de ADSL están utilizando y ofrecerles un mejor servicio con XXXX.
– O sea, venta a puerta fría.
– Sí, bueno, se podría llamar así.
En este momento te esfuerzas muchísimo para no poner los ojos en blanco porque se podría considerar de mala educación. El impulso de decir “podríamos llamarlo rinoceronte pero seguiría siendo puerta fría” es un pelín más fuerte, pero también controlable.
– Y cual sería el sueldo.
– Verás, eso es lo mejor, irá en función de tu productividad. A más ventas, más remuneración.
– No, si entiendo el concepto de comercial y sé que trabajan a comisión. La pregunta es que cuál es el sueldo base y cuanto son las comisiones (esto, por supuesto, se dice con muchísima más diplomacia).
– Bien (no, no, mal. Si empiezan dudando siempre es malo). El caso es que no hay un salario base. Nosotros lo que hacemos es contratar autónomos y….
– Estupendo, muchas gracias.
Porque hemos llegado a ese momento en que continuar a partir de aquí sería una pérdida de tiempo para los dos y es mejor despedirse educadamente y no preguntarle qué ha sido exactamente lo que ha visto en tu perfil que le haya hecho pensar por un segundo entero que ese era un puesto para ti.

La diferencia entre un Comercial y un Relaciones Públicas

Parece algo simple, pero mucha gente no termina de verlo. Y sí, yo tengo un perfil de Relaciones Públicas estupendo, pero no hay una gota de sangre de comercial en mis venas.

Un comercial podría vender hielo en el Polo Norte. Todos tenemos un amigo así, con una labia impresionante, capaz de rebatir cualquier argumento y que, si se lo propone, para cuando ha terminado contigo, te ha hecho dudar de tu propia existencia pero no de la conveniencia de que le invites al desayuno, que se lo ha ganado.

Yo, sinceramente, no podría vender hielo en el desierto.
Pero es que tampoco lo intentaría.
Para cuando yo terminara contigo, quizás no me habrías comprado hielo, pero pensarías en él cuando hiciera calor porque en ese instante te vendría muy bien. Cuando hiciera frío porque ese es el momento en el que el hielo se conserva mejor. En las estaciones intermedias porque aunque ahora no te apetezca mucho, sabrías sin dudar donde conseguirlo si te diera el antojo.
Y desde luego, me invitarías al desayuno porque soy una criatura encantadora que te ha dado una conversación magnífica y ha hecho que descubras lo interesante que puede llegar a ser un trozo de agua congelada.
Ahora, el que quieras comprarlo o no ya depende de ti, que creo profundamente en la libertad de elección.

Hielo, el nuevo producto de moda

Hielo, el nuevo producto de moda

Llegado el momento, si tengo que vender, vendo lo que sea.
Porque si lo que te pasa es que tienes sed, a lo mejor en vez de hielo lo que te apetece es un poco de agua que sienta mucho mejor, aunque el agua es muy sosa y no repone azúcares ni sales minerales, así que yo te recomendaría un refresco, aunque eso sí, con hielo para que esté bien fresquito.
Pero, ¿plantarme en tu casa para soltarte el rollo? Ni hablar.

Que mi sustento dependa en mi habilidad de evitar que notes que te estoy liando, no me entusiasma ni un poquito.
Además, no tengo el corazón para hacerlo.
Hace varios años, en mis primeros pinitos como teleoperadora, estuve en el departamento comercial de otra de estas empresas de telefonía en internet (hasta que un alma caritativa se dio cuenta de que en recepción de llamadas funcionaría muchísimo mejor y de hecho así fue). Durante las semanas que estuve en ese departamento, conocí a una compañera que se jactaba de haberle vendido una conexión ADSL a un anciano sin ordenador por la tarifa plana de teléfono.
Es, quizás, un caso muy extremo, no hay que ser un cabrón una mala persona sin principios morales para ser un buen comercial. Pero, desde luego, requiere de unas habilidades muy específicas.

Seguro que en las empresas de ADSL trabajan personas maravillosas

Seguro que en las empresas de ADSL trabajan personas maravillosas

Ser un buen Relaciones Públicas y ser un buen Comercial no es incompatible, ni mucho menos. De hecho, evidentemente hay muchos puntos en común y no es ninguna tontería que los unos aprendan técnicas de los otros y viceversa.

Pero hay un muy buen motivo por el cual Comunicación, Atención al Cliente y Ventas son departamentos diferenciados en la mayoría de las empresas. El que los departamentos de Recursos Humanos lo tengan en cuenta a la hora de redactar sus ofertas, nos ahorraría bastante tiempo y frustraciones a todos.

Solicitud de Empleo

Buscar trabajo tiene que ser una de las cosas más tediosas y deprimentes que un ser humano se ve obligado a hacer a lo largo de su vida. Estoy segura de que si la ONU aún no se ha pronunciado sobre ello es porque no ha tenido tiempo de analizarlo en profundidad.

El comienzo es fácil, todo felicidad y optimismo. Tienes un buen curriculum, experiencia en varios sectores y en diferentes campos dentro de un mismo sector, eso tiene que ser bueno. Y además tienes un buen nivel de inglés y eres lista, aprendes rápido, trabajadora, comprometida (por no hablar de un pelín adicta al trabajo), adaptable y un auténtico encanto de criatura. Así que, aunque la situación está muy complicada, algo saldrá, ¿verdad?
Pues no.

Búsqueda de Empleo, el anillo del Infierno que Dante olvidó mencionar

Búsqueda de Empleo, el anillo del Infierno que Dante olvidó mencionar

Empiezas redactando un currículum fabuloso y una carta de presentación que enternecería a las piedras. Y procuras ignorar esas risas constantes que oyes a tu alrededor. Seguro que no es el Universo expresando su opinión sobre tus planes, lo más probable es que sea totalmente imaginario y todo el mundo sabe que hay que ignorar las voces de tu cabeza.

Los primeros son los Medios de Comunicación y Agencias de Relaciones Públicas, por supuesto, tanto tiempo encerrada en esa facultad tiene que tener su recompensa. Sí, bien, hay crisis en los medios, pero aún necesitan a alguien que escriba las noticias, ¿no? Pues parece que la respuesta correcta es sí, en concreto freelance y becarios.
Y el optimismo se hace un poco más difícil cuando te llegan mails del tipo “tienes un currículum bastante decente y pareces muy maja. Yo te contrataría, pero es que nos entregan la carta anunciando el cierre la semana que viene. Espero que tengas suerte”.
Lo peor es que en vez de pensar “pobre, ojalá le vaya bien”, lo primero que te viene a la mente es mierda… digo… córcholis, otras 400 personas con más experiencia que yo para hacerme la competencia”. Creo que las prioridades empiezan a confundirse.

Al final entiendes que lo de intentar ponerte en contacto empresa a empresa no está terminando de funcionar, así que tiras de portales de empleo. Debo haberme dado de alta en no menos de 6 y he llegado a una conclusión: deberían estar prohibidos.
Porque esa es otra. Entiendo que es muchísimo más fácil para la compañía en cuestión tener un formulario estándar, pero se me ocurren pocas cosas más irritantes que tener que marcar tus 10 años de experiencia laboral, dato por dato, en un montón de desplegables en los que nunca terminas de encontrar el sector o puesto que define bien a lo que te dedicabas en un listado de tropecientas opciones que al final optas por dejar de leer antes de terminar de quemarte los ojos.
Ahora vamos a repetirlo hasta la enfermedad (con los convenientes fallos de conexión, datos no guardados, claves que dejan de funcionar, etcétera, etcétera) y así conseguimos eliminar candidatos en un largo descenso a la locura. Y además damos trabajo a los psiquiatras, si es que todo son ventajas.
Además, estos portales acaban siendo adictivos. Ríete tú del Facebook. Poder ver en tiempo real el estado de tus candidaturas acaba enganchando más que el Farmville.

¿Quién quiere plantar calabazas pudiendo mirar ofertas de empleo?

¿Quién quiere plantar calabazas pudiendo mirar ofertas de empleo?

De todas formas, lo más irritante (a parte del hecho de que no te llame nadie, que te hace tener complejo de fea de instituto americano sin pareja para el baile), lo realmente terrible es la forma en la que están redactadas algunas ofertas.
Están los buscan futuros empleados en determinadas “sonas” de Madrid y secretarias con “discrección” aunque, claramente, no con un amplio dominio de la ortografía.
O esos cuestionarios ridículos que casi parecen broma. Una de las más frecuentes es “¿Por qué quieres trabajar en este horario?” Teniendo en cuenta la situación económica, lo sorprendente es que la mayoría de las respuestas no sean cosas del tipo “no quiero porque es un asco de horario que impedirá que vuelva a ver jamás a mi familia y que alejará para siempre de cualquier vida social, pero los de Iberdrola tienen la molesta costumbre de querer que les pague la luz y el del supermercado no me coge los billetes del Monopoly, así que aquí estoy, solicitando un trabajo muy por debajo de mis expectativas en un horario que hace unos años no habría cogido ni borracho perdido”.
Los de opciones son casi mejor: “¿Cuánto tiempo has trabajado en un puesto similar?
– De 3 a 5 años
– Más de 5 años
– Nunca”
No sé porqué, pero algo me hace sospechar que buscan a gente con más de tres años de experiencia. Pero es sólo una intuición.

Aunque mi favorito no he vuelto a encontrarlo y es una pena porque es digno de ser compartido. En esencia buscaban jóvenes menores de 25 años, con buena presencia, para trabajar en agencia de alto standing. Alta remuneración. No necesaria experiencia previa.
Será que yo tengo la mente muy sucia, pero desde luego no sonaba precisamente a dependienta de perfumería de tienda de lujo.

Corrector de word, hay que darle más uso

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Al final, no te queda más remedio que tomártelo con buen humor y reírte un poco. Sobretodo porque tampoco vale la pena desesperar, después de todo, pronto me tocará el cuponazo de los viernes, seré muchimillonaria y estas cosas dejarán de preocuparme. Ahora sólo tengo que acordarme de jugar.