Presidentes Virtuales

En mi oficina, supongo que como en cualquier otro centro de trabajo del planeta, solemos tener largas charlas de sobremesa sobre prácticamente cualquier tema imaginable: desde Bárcenas al partido de ayer, pasando por la serie de turno o las posibilidades de sobrevivir a un ataque zombie (bueno, vale, puede que ésta última no la tenga todo el mundo).

Hace un par de semanas, en una de esas intensas conversaciones sobre Dios-sabe-qué, hablé de los periodistas en primera persona del singular (es decir, incluyéndome a mí misma) hasta que un compañero me dijo “tú no eres periodista”. “Si no trabajas de periodista no puedes decir que eres periodista, ¿no?”, aclaró.

No había ninguna malicia en ello, era una duda sincera. Yo le expliqué que me consideraba periodista y que esperaba poder ejercer relativamente pronto de una forma u otra (cosa poco inteligente a decir cuando quieres que te renueven el contrato, por cierto) y ahí se quedó la cosa.

Al menos en la oficina, porque yo no he sido capaz de dejar de darle vueltas desde entonces. Llevo semanas enteras pensando en el tema, queriendo sacar un post donde explicar por qué sí soy periodista, lo que significa el periodismo para mí y lo increiblemente doloroso que sería el tener que renunciar a mi profesión definitivamente.

Confieso que es algo tan personal e intrínseco a mí, que me cuesta mucho encontrar las palabras adecuadas para que tenga sentido fuera de mi cabeza. Así que aún no he encontrado una buena respuesta. Sin embargo, a pesar de mis dudas y ligera crisis de identidad, sí que tengo algunas cosas claras.

Ayer vi esto:

Mariano, el intangible

Mariano, el intangible

Y eso no es periodismo. Es poco más que una pantomima que lucha para decidirse entre la vergüenza y el patetismo.

No culpo a los periodistas por ir. En contra de la creencia popular, resulta que también son personas con necesidades, casas e hijos que cuestan dinero y no se alimentan solo de principios morales y premios Pulitzer.

Culpo a los directores de medios y servicios informativos por no plantarse y decir que sin preguntas (o al menos una persona física) no hay cobertura. Que para hacer esto, casi mejor que les manden un vídeo con el bruto o una nota de prensa y ya usarán ellos lo que consideren. O no. Que no se prestarán a teatros y ridiculeces de niños cobardicas.

Lo que si merece un tirón de orejas es el hecho de no hacer ninguna muestra de protesta por estar ahí, más allá de la cara de asco.

A los 13 o 14 años nos negamos a coger apuntes en una clase porque la profesora había hecho algo que nos pareció injusto. En la universidad, recibimos a un profesor a lo largo de una semana dándole la espalda porque era un cabrón (sin paliativos, había que estar en su clase para entenderlo). En Panamá, durante 24 horas todos los periodistas fueron de luto en apoyo a un compañero insultado por el presidente del país.

Si unos críos de colegio y unos adolescentes hiperhormonados pudieron encontrar una forma de ponerse de acuerdo y dejar clara su opinión, creo que un grupo de adultos profesionales también debería ser capaz.

Lo que esta pasando con el gobierno de Mariano Rajoy a nivel de prensa está siendo ridículo. Que lo aceptemos cabizbajos con cristiana resignación porque no se puede hacer nada es humillante, para los compañeros y para los ciudadanos que representan.

Estoy segura de que en el futuro veremos mas “comparecencias” de éstas (me niego a llamarlas ruedas de prensa). Espero poder ver también algo de lo que sentirme orgullosa.

En cuanto al señor Rajoy, ¿alguien podría mostrarme una prueba de vida? A estas alturas empiezo a sospechar que tanto esfuerzo por ocultarse de la prensa es porque es un doble, o una simulación digital o una marioneta de las de Jim Henson. Si es esta última situación, si se me permite elegir, prefiero a Gustavo. A lo mejor resulta que la Troika lo tiene secuestrado y lo que intenta es enviarnos un mensaje para que le rescatemos, ¿quién sabe?.

Mi opinión sobre estas muestras de cobardía sin precedentes en un político de un país civilizado me la voy a guardar. Total, no es como si les importara en lo mas mínimo (ni la mía ni la de nadie) y como le de rienda suelta voy a acabar con una úlcera sangrante que no me podré permitir tratar.

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