Consiguiendo el nuevo trabajo

Entre los cambios de esta temporada, el más importante (al menos para mí) es el trabajo nuevo. Ahora mismo llevo un servicio de atención al consumidor de una empresa internacional de alimentación. Por aquello de no hacer publicidad y el qué dirán omitiré el nombre, pero cualquiera que entre en mi perfil de Linkedin podrá hacerse una idea muy clara de que probablemente ahora mismo, en vuestra cocina más cercana, haya una botella de aceite con el nombre de mi empresa en alguna parte de su etiqueta.

Si os preguntáis de dónde salió este trabajo nuevo, he de confesar que no sois los únicos. Porque por interesante que pueda llegar a ser lo que estoy haciendo ahora, el proceso de selección, desde luego, lo fue mucho más.

La primera noticia que tuve fue una llamada/entrevista telefónica de una empresa de selección de personal sobre una oferta en la que me había inscrito unos meses atrás. Considerando mi desesperación por encontrar algo de esa época, eso sólo lo reducía a unas 100.000 opciones. Además, hay que tener en cuenta que no mandaba el mismo currículum siempre, sino que lo adaptaba a la oferta, así que no tenía ni idea de cuál de las 18 versiones estábamos hablando.

No creo que pueda llegar a explicar lo que es hacer una entrevista sorpresa sobre una oferta que no recuerdas sin tener claro que ponía en el curriculum que la amable señorita tiene delante. No es como hacer un examen sorpresa sin haber estudiado, creo que sería más como hacer un examen sorpresa sin tener muy claro ni en que asignatura estás.

Es probable que mi cara fuera algo parecido a esto

Es probable que mi cara fuera algo parecido a esto

Supongo que con los años he perfeccionado ese bonito arte de hablar sin decir nada realmente comprometido pero pareciendo que sí, tan típico de los políticos y los relaciones públicas, porque unos días después estaba en la segunda fase del proceso, y en la entrevista de trabajo más surrealista jamás contada, con mi actual jefe.
Él dice que no se le da bien hacer entrevistas y que por eso se dedica a charlar. Yo creo que es alguna clase de plan perverso para descubrir la capacidad de los candidatos para reaccionar ante lo inesperado.

Aún no tengo muy claro lo que pasó. Sólo sé que empecé contando mi experiencia previa y de pronto estaba hablando de Expocómic, sus autores, algunos cotilleos y anécdotas varias surgidas de mis tiempos en su departamento de prensa.
Un rato después, parecía que la entrevista había retomado los cauces normales de estas cosas, pero antes de darme cuenta estaba explicando por qué prefiero los cómics de superhéroes a los mangas.
No sé muy bien cómo, pero en algún momento el tema derivó a Aaron Sorkin, el Ala Oeste de la Casa Blanca y las muchísimas ganas que tenía de que llegara la segunda temporada de The Newsroom (y si no la estáis viendo, ya estáis tardando).

La parte buena, conseguí pasar a la fase 3. La parte mala… ahora mi jefe me amenaza con hacerme spoiler cuando quiere meterme prisa con algo.

La tercera entrevista fue con Recursos Humanos y mucho más normal, aunque también tuvo sus momentos. Cuando me preguntaron por mi rango salarial, fui de esas personas raras (y algo insensatas) que opta por la sinceridad. La pobre mujer me miró con seriedad (y juraría que con algo de impaciencia) y me dijo “hablo del sueldo completo, incluyendo los complementos”. Cuando le confirmé que eso era mi sueldo completo me volvió a mirar, esta vez con sorpresa: “bueno, tendrías tus ventajas sociales, ¿no?”. Cara de circunstancias, niego con la cabeza. Ella empieza a parecer escandalizada: “Al menos te pagarán el transporte”. Y mientras vuelvo a negar, no puedo evitar elevar una plegaria de agradecimiento por ser capaz de controlar el inminente ataque de risa.
El resto de la entrevista fue bien, pero aún estoy casi segura de que la buena mujer se quedó con ganas de darme un abrazo o un bocadillo para el camino.

La cuarta llamada se hizo de rogar y cuando me dijeron que en vez de confirmarme si me iban a dar el puesto o no, iba a tener una nueva entrevista, comencé a impacientarme un pelín. Pero, ea, vale, otra entrevista tendríamos, esta vez con el director general.

Para dejarlo claro, aunque las comparaciones son odiosas, sólo diré que para conseguir el trabajo de teleoperadora para cierto banco de color rojo en el que tenía acceso a información realmente sensible de un montón de gente, tuve una única entrevista con otras 6 personas de no más de 15 minutos de duración.
Este proceso, que más tarde supe que había durado más de seis meses, requirió tres filtros y el visto bueno del señor que dirige la compañía. Supongo que para algunas empresas, el trato con sus clientes es más importante que para otras.

Eso sí, cuando llegó la quinta llamada yo ya tenía muy claro que si era para otra entrevista, más valía que fuera con el Emperador Palpatine en persona.

El siguiente escalafón ya era Emperador de la Galaxia

El siguiente escalafón ya era Emperador de la Galaxia

Pero no, fue para firmar un contrato indefinido con un buen sueldo, ventajas sociales y la compensación completa del sueldo en caso de baja.
Sí, sé que teniéndolo todo en cuenta, me ha tocado la lotería.

Explicar a qué me dedico en mi día a día no es del todo fácil. Por supuesto hay mucha gestión telefónica y algo de Redes Sociales, pero a partir de ahí…
Un día me puedo encontrar inmersa en las maravillas de la química orgánica (que no es nada maravillosa cuando eres tan de letras como servidora), otro puedo estar haciendo una tesis sobre transgénicos y el siguiente irme de excursión a una empresa de realidad virtual.
Hay dos cosas fantásticas en este curro: nunca me aburro y no dejo de aprender. Tener conversaciones realmente divertidas con lo más variado que puede ofrecer este país, es sólo un bonus extra.

Desde luego, podría ser peor…

13 Consejos para Entrevistas de Trabajo

Sólo por si acaso, dejemos las cosas claras desde el principio: no soy técnico de Recursos Humanos y jamás en mi vida he participado en ninguna clase de proceso de selección en otro rol que no haya sido el de entrevistada.
Sin embargo, sí que es cierto que he estado en algunos (muchos) y he sido testigo de otros tantos. Toda esta recopilación se basa simple y llanamente en observaciones e impresiones personales y en alguna que otra conversación y anécdota con gente que sí ha seleccionado personal.

Mi teoría con las entrevistas de trabajo es que es igual que seducir a alguien en una cita. Lo más difícil, conseguir quedar para que te quieran conocer mejor, ya está hecho. A partir de ahí, la misión es hacerles entender por qué tú eres la mejor opción de entre todos los candidatos disponibles. Por eso, la confianza en uno mismo y la preparación son fundamentales antes, durante y después de la entrevista.

Antes

1. Investiga la empresa
Google es tu amigo. Hacer una búsqueda rápida no te cuesta ningún esfuerzo y te puede servir de mucho. Llegar a la entrevista conociendo la empresa, aunque sea por encima, demuestra interés, previsión e iniciativa. Nunca he visto a un responsable de selección al que eso le haya causado otra cosa que buena impresión.

Además, tiene otra ventaja. Con la crisis, siempre hay algún listillo que se quiere aprovechar de la necesidad de la gente. Aunque por suerte no son muchas, algunas ofertas de trabajo tienen truco, eso si no son directamente un timo. Entrar en algún foro y leer opiniones puede ahorrarte tiempo e incluso algún disgusto.

2. Cómo llegar
Decide con tiempo cómo vas a ir hasta el sitio de la entrevista. Si vas en coche, comprueba que es una zona en la que puedes dejarlo con relativa facilidad y asegúrate de que conoces el camino. Andar preguntando direcciones con los nervios de punta y el miedo de llegar tarde puede provocarte aún más ansiedad y la idea es llegar lo más relajado posible.

Lo mismo sirve para transporte público. Comprueba la ruta, horarios, precios del billete si tienes que comprarlo, etc. Perder una oportunidad por no mirar las horas a las que pasa el Cercanías es de juzgado de guardia.

Correr detrás del tren es muy poco divertido

3. Ropa
Decide lo que te vas a poner con tiempo, incluso el día anterior, y si es algo que hace mucho tiempo que no usas, no está de más que te lo pruebes por si acaso.
Debes vestir formal y bien, por supuesto, pero también tienes que procurar adecuar tu ropa a la oferta. No tiene ningún sentido que aparezcas con un traje de tres piezas para un puesto de camarero de cafetería.

Eso no significa que si el puesto es de baja cualificación te plantes con unas zapatillas de deporte medio raídas, una sudadera cutre y unos pantalones con manchas tan viejas que ya han desarrollado identidad propia. Unos vaqueros son más que aceptables, pero recuerda que una camisa o un polo nunca han matado a nadie.

Y los zapatos limpios, por favor. Da igual lo bien que te siente esa corbata o lo mona que estés con un traje de chaqueta si por tus zapatos se podría decir que has estado pegando saltos en el lodazal más cercano.

Pero lo más importante es que recuerdes que estás buscando trabajo, no un ligue en Pachá. Escotes de vértigo, pantalones marcapaquetes, camisetas marcapectorales o faldas-cinturón no quedan tan bien a la luz del día.

4. Maquillaje y Peluquería
Nunca vayas a una entrevista de trabajo con más maquillaje del que estés dispuesta a llevar a diario. Parece una tontería, pero cuando, al cabo de un par de días o semanas empieces a pintarte menos, de alguna forma la sensación que vas a dar es que te estás volviendo descuidada porque ya no tienes tanto interés en el trabajo. Es algo totalmente psicológico y no tiene por qué coincidir con la realidad en absoluto, pero el pensamiento es casi inevitable.

De todas formas, yo soy de la teoría de que cuanto menos pintura mejor. Entiendo, sobretodo si la entrevista es muy temprano, que algo de base y corrector para disimular las ojeras es más que necesario, pero de las capas de Titanlux se puede prescindir.

Si es necesario que te arregles más, lo notarás o te lo harán saber. Sin embargo, es mejor parecer natural que vanidosa o artificial.

También recomiendo, encarecidamente, probar el maquillaje antes si es nuevo. Y no me refiero a nuevo en plan “es una marca que no había usado antes, voy a asegurarme de que no me dé alergia”. Me refiero a cualquier cosa que no hayas usado previamente aunque sea de tu marca de toda la vida. A veces vienen estropeados, a veces vienen mal etiquetados y a veces no te has fijado en que has cogido el lápiz de ojos con glitter en vez del normal.

Llegar tarde a una entrevista porque tus ojos tenían purpurina no es una buena excusa. Aparecer como si vinieras de empalmada de una fiesta de Nochevieja, tampoco es divertido. Por supuesto, éste es un ejemplo al azar, que le puede pasar a cualquier persona y no está en absoluto basado en un hecho real.

En cuanto al pelo, no voy a caer en obviedades del tipo “llévalo limpio”, pero sí que te voy a recomendar que si lo tienes rebelde o rizado te lo recojas, aunque sea un poco. No digo que te hagas un planchado de peluquería, pero los rizos descuidados o el pelo fosco dan sensación de desorden. Es injusto, pero la vida no es justa. Si no tienes unos tirabuzones de anuncio, unas horquillitas no estarán de más.

Muy mono, pero poco probable que consigas el puesto

5. Imprime el currículum
Lo normal es que el entrevistador tenga una copia, pero hay un millón de circunstancias por las cuales podría no ser así y siempre es mejor que la persona que se encarga de hablar contigo tenga un apoyo visual donde ver y comprobar lo que le estás contando.

Y también te puede ayudar a ti, los nervios pueden ser traicioneros y provocar que se te olvide algo, pero si lo tienes delante (aunque sea al revés porque la otra persona lo está leyendo) es más fácil que recuerdes lo que en otro caso se te podría olvidar.

En algunas empresas, si no lo traes contigo, te dan un formulario para que lo rellenes. A mí me parece que queda cutre y la impresión general, aunque no seas consciente, es que eres poco previsor. Además, siempre es mejor hacer el currículum como tú quieres, destacando u omitiendo lo que te interesa, que tener que seguir una plantilla.

Y la foto ayuda mucho a que te recuerden después.

Durante

6. Puntualidad
Sé puntual. Es más, llega 5 o 10 minutos antes, para asegurarnos. Aunque tampoco te pases. Insisto en que esto es como una cita. A nadie le gusta el chico ansioso y desesperado por conseguir quedar contigo. El que nos atrae es el que parece que ni nos ha visto. No tiene sentido, pero es así.

Con las entrevistas pasa lo mismo, el que llama la atención no es el que está ansioso y desesperado por el trabajo, sino el que actúa como si no lo necesitara. Y, aunque lo parezca, no es por tocar las narices, es una cuestión de seguridad en uno mismo.

Tampoco vayas de rey del mundo, una cosa es sentirse seguro y otra pasarse de listo.

7. Lectura
En 9 de cada 10 casos te va a tocar esperar un ratito en lo que la persona que con la que has quedado puede atenderte. En la mayoría de ellos, además, los “un momentito, en seguida sale a recibirte” son eufemismos de “va a pasarse 45 minutos al teléfono”. Como encima te ofrezcan algo de beber, es probable que empiecen a salirte raíces antes de que entres a la entrevista.

Así que llevarte algo para leer no está de más. Sólo ten un poco de cabeza antes de elegir la lectura. 50 Sombras de Grey puede estar muy de moda y El Jueves puede ser muy divertido, pero a lo mejor la persona que te va a atender es muy conservadora y lo considera simple y pura pornografía (en el caso específico de 50 Sombras a lo mejor considera que tu gusto literario es un asco, pero no es el tema ahora mismo).

La saga de moda te puede esperar en casa

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8. El Saludo
De esto se ha escrito hasta la saciedad y mucho me sorprendería que no hubiera incluso tratados enteros sobre ello, pero es que es importante.

Hay a quien le gusta dar dos besos, quien sólo te ofrece la mano, quien directamente te hace pasar y no hace amago de saludar… Mi consejo es que dejes que el entrevistador sea quien te guíe y lleve la iniciativa. Lo más normal es que ellos sean conscientes de que la otra persona no tenga claro el grado de confianza y que den el primer paso, pero sé observador. Es decir, fíjate en lo que hace y en su lenguaje corporal. Si comienza a alzar la mano, no vayas tú a darle dos besos y si extiende un poco los brazos para invitarte a pasar a una sala, no le des un abrazo (hecho real).

Lo demás, creo que lo sabe todo el mundo: ni muy fuerte ni muy flojo (puede implicar arrogancia o inseguridad), ni por encima ni por debajo (complejo de superioridad o inferioridad), ni limpiarse la mano en el pantalón justo después (también hecho real) porque muy probablemente al entrevistador no le haga demasiada gracia.

9. Escucha antes de hablar
Este consejo debería seguirse en cualquier aspecto de la vida, así, en general. En una entrevista de trabajo, en particular, te puede ser de gran ayuda para saber qué es lo que están buscando en el candidato.

Ya han visto tu currículum antes de llamarte, ya saben lo que has hecho. Evidentemente querrán detalles y tendrán preguntas específicas, pero lo que más les interesa eres tú, tu personalidad, tu actitud y tus cualidades específicas. Muchas veces la forma en la que están planteadas las preguntas dice más de lo que pueda parecer.

No se trata de que les escuches y les vendas la moto, porque mentir en una entrevista es posiblemente lo peor que puedes hacer. Es muy fácil que te pillen y eso te anulará de forma permanente para cualquier posible futura selección para esa empresa.

Sin embargo, si tienes una pista de lo que esperan, puedes centrarte en destacar las aptitudes y cualidades que hacen de ti la persona que mejor encaja en su perfil.

Se trata de vender tus cualidades, no vehículos de dos ruedas

10. Mantén la concentración
Hay un principio de combate (o de videojuegos) que viene a decir que cuanto más te hieren, más te hieren. Esto, que parece redundante, en realidad tiene su lógica. Cuando te alcanzan y te hieren, el dolor y la dificultad para moverte afectan a tu velocidad y reflejos y te convierte en un blanco más fácil con cada golpe.

Con la concentración pasa lo mismo. En un momento dado te da la impresión de que no has dado una buena respuesta. No quieres hacerlo, pero no puedes evitar seguir dándole vueltas mientras la entrevista continúa, te preguntas si el entrevistador ya te habrá descartado, te empiezas a poner nervioso, dudas más en la siguiente respuesta porque esta vez quieres asegurarte de que lo haces mejor, pero entonces, ¿y si ese momento de duda te ha hecho parecer inseguro? ¿Creerá que no tengo claro lo que le estoy contando? Seguro que está pensando que soy medio boba. ¿Y ahora que le digo? Y….

Y para cuando te quieres dar cuenta entras en una espiral descendente de inseguridad y paranoia y lo que era una reunión muy prometedora acaba siendo un desastre que termina con el entrevistador intentando calmarte para que dejes de llorar (hecho real): un antiguo jefe se pasó semanas enteras alucinado y preguntándose qué diablos pudo decir para hacer llorar a la pobre chica, tiempo después descubrimos que todo empezó porque él le pidió que repitiera una respuesta porque no la había oído y ella creyó que era porque no le había gustado lo que había dicho.

Respira hondo, confía en ti mismo, si crees que no te has expresado bien intenta matizarlo, pero, sobretodo, ten en cuenta que no es un examen, no todas las preguntas buscan una respuesta específica. Muchas veces la actitud dice mucho más que las palabras, así que calma.

11. Pregunta
Por si no lo he dejado claro, lo repetiré: la entrevista no es un examen. No es un monólogo. No se trata sólo de que ellos te conozcan a ti. Parte de la gracia es que tú también conozcas la empresa y las personas con las que vas a trabajar. No sólo se te permiten hacer preguntas sino que debes hacerlas si hay algo que no terminas de entender. Sobre el puesto, tus responsabilidades, a quien reportarías o si tienen un microondas para calentar la comida de casa… lo que sea. Salir de ahí sin saber lo que te espera si superas el proceso es absurdo.

En cuanto a si se debe preguntar sobre el sueldo o no, hay mil teorías. Mi opinión es que preguntar directamente cuanto va a ser tu salario neto hasta el último céntimo a lo mejor es un pelín agresivo, pero intentar averiguar de forma más o menos sutil de en qué cifra están pensando no me parece nada descabellado. Sobretodo porque también puede servir para ahorrar tiempo y problemas a unos y a otros.

Preguntar no es malo, no seas vergonzoso

Preguntar no es malo, no seas vergonzoso

12. Interésate por el proceso
Al despedirte (de nuevo deja que sea la otra persona la que te indique si os dais la mano, dos besos o quedáis a tomar unas cañas) no está de más que preguntes por el proceso de selección. Sobretodo, obviamente, cuando tomarán la decisión y si llamarán a todos los candidatos o sólo al seleccionado.

En general, no serán muy específicos, pero te darán una idea de lo que esperar lo que puede ayudar a no obsesionarte con el teléfono que no suena. Además, insisto, mostrar interés nunca está de más.

Después

13. Confirmación
Después de la entrevista ya no hay mucho que hacer salvo confiar en que recibirás la llamada tarde o temprano. Ten paciencia, a veces los tiempos se extienden un poco y los procesos de selección pueden ser más largos y complicados de lo que creemos.

De todas formas, si un día o dos después de que el plazo que nos han dicho se haya cumplido no nos han llamado, no pasa nada por llamar para ver en que punto están. Pero vamos a dejarlo claro: no pasa nada por llamar una vez, a partir de la cuarta entra en la categoría de acoso.

¡Pero dime algo de una vez!

Estos consejos no son infalibles, ni mucho menos, pero me han venido muy bien a lo largo de los años para conseguir trabajo. Desde mi punto de vista, lo difícil es llegar a la entrevista, una vez ahí lo único que puedes hacer es prepararte, ser sincero y natural y confiar en que todo irá bien. Más allá de eso, todo depende de la suerte.