Doctrinas y lágrimas

Las crónicas dicen que tenía 6 años, aunque sinceramente no lo recuerdo. Los detalles de aquel día no son mayores que los de cualquier otro de hace 25 años.
Sé que me extrañé cuando al despertarme vi que mis hermanos ya se habían ido a su colegio y nadie me había avisado para que yo fuera al mío. “Hoy no vas al cole, cielo”, fue toda la explicación que tuve en ese momento, supongo que porque mi madre tenía que pensar qué diablos iba a hacer ese día conmigo y no estaba para contar historias.
En el taxi, camino de su trabajo, volví a preguntar por qué yo no tenía colegio ese día y mis hermanos (que iban a otro) sí. Después de la pregunta un millón, mi madre acabó por contarme que unas personas muy malas habían roto todos los cristales y que con el frío que hacía, no podíamos dar clase. Cuando pregunté, con toda mi ingenuidad infantil, si habían sido los chicos malos del instituto de al lado, me gané una sonrisa triste del taxista. “No, cariño, no han sido los chicos del instituto”.

Era 23 de noviembre de 1988 y sólo unas horas antes un comando itinerante de ETA había volado una de las paredes del Cuartel General de la Guardia Civil que está a 100 metros de mi colegio. La onda expansiva fue tan salvaje que ni uno solo de los cristales de mi escuela logró soportarlo. Dos personas murieron, una de ellas era poco más que un bebé.
En el colmo de las ironías, dada ahora la situación, Henri Parot formaba parte de ese comando.

Por supuesto, ese no fue mi último acercamiento a la banda armada. Uno no puede criarse en el Madrid de los 80 y los 90 sin tener tres o cuatro anécdotas de éstas.
Algún desalojo, algún atasco interminable, alguna manifestación en Sol, algún “seguro que le ha pillado un atasco” para no preocuparte por la amiga que llega tarde un día de atentado…

Ese fue el Madrid en el que crecí. En el que muchos de nosotros crecimos.

Por eso, ver lo que vi ayer en las noticias, ver y leer todo lo que se ha dicho en la última semana, me hace oscilar entre el asco y la pena.

La Doctrina Parot era una chapuza de principio a fin. Puede que la ley sea un asco y permisiva e injusta, pero es la ley. Y es igual para todos.

Sorprendentemente, lo de aplicarla o interpretarla o parchearla de una forma u otra según te guste más o menos la persona a juzgar, no está bien. Y lo impresionante no es que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (que por cierto, sí forma parte del sistema jurídico español) haya tenido que venir a decírnoslo. Lo impresionante (por no decir repugnante) es que haya tenido que venir alguien a decírnoslo y que encima nos parezca mal.

Y ahora, los políticos, después de décadas de lanzarse las víctimas los unos a los otros como malos padres en un divorcio complicado, se persignan y lamentan por decisiones que ellos debieron haber tomado en primer lugar.
Nadie reconoce culpa, nadie acepta responsabilidad, ni muchísimo menos un error. Los de Estrasburgo no saben lo que fue crecer en Madrid o en el País Vasco así que no pueden opinar. Y el derecho, la justicia y la legalidad la dejamos para otros presos. Porque la ley es igual para todos, siempre y cuando nos parezca bien. Eso sí, escandalizándonos mucho por lo que hacen otros gobiernos o criticando al de Estados Unidos por Guantánamo.

Pero es que estos son nuestros etarras y nos los follamos como queremos y si no te gusta, no mires.

Eso sí, lo de ser coherentes aún no lo dominamos

Eso sí, lo de ser coherentes aún no lo dominamos

Luego están los periódicos, haciendo su agosto con cálculos ridículos sobre cuantos años por muerto le han caído al terrorista en cuestión para dejar bien claro que asesinar es casi gratis. Como si no hubieran pasado ya 25 años en la cárcel, como si esos 5 años de diferencia pudieran suponer alguna clase de consuelo. Como si pagar 1,3 años por víctima fuera mucho mejor que pagar 1,2.

Eso los que no están dando coba a teorías de la conspiración que insinúan que un tío (elegido por el propio Tribunal para formar parte de él) puede convencer a otros 16 compañeros con buenas palabras y un par de rondas para que ZP (que ha pasado de ser medio idiota a tener una mente que ni la de Maquiavelo en un tiempo récord) pueda cumplir una promesa al grupo terrorista, dos años después de dejar de ser presidente del gobierno. Pues claro.

Nuestro código penal  no es precisamente ejemplar, aunque no es algo nuevo. Las penas son ridículamente altas para algunas cosas y estúpidamente bajas para otras. Pero eso no es culpa de Estrasburgo, ni de los Derechos Humanos, ni mía por decir que la ley está para cumplirla igual para todos, me guste o no.

Sin embargo, para sorpresa de nadie, la prioridad de los políticos no ha sido crear un nuevo código penal que no de vergüenza ajena, ni garantizar la seguridad de las víctimas, ni prometer una fuerza de choque para controlar a los etarras excarcelados.
La prioridad ha sido intentar conservar votos y gritar “tú más” más fuerte que el otro, insinuando (o diciendo abiertamente) sin ningún pudor que no ir a la manifestación en contra de la derogación de la Doctrina Parot es estar en contra de las víctimas. Porque estar a favor de las leyes es ETA también.

Después de años de utilizar a las víctimas, de exacerbar su dolor, de enquistar su rabia, abrir y reabrir heridas e infectarlas con basura política una y otra vez, ahora tienen miedo de que su propia estrategia se vuelva en su contra. La sentencia debe ser acatada, pero eso podría tener un alto precio electoral y no saben ni cómo manejarlo. Y lograr manejarlo, ahora mismo, es lo único que realmente importa. Aunque, claro, siempre se puede hablar del tiempo, ¿eh, señor Rajoy?

"prefiero cortarme este pulgar a implicarme en esto", dijo el presidente

“prefiero cortarme este pulgar a implicarme en esto”, dijo el presidente

Ayer tuve que oír cómo miles de personas acusaban a los jueces, al Tribunal Supremo y al Constitucional de no hacer nada por las víctimas. Nadie va a criticarlo, ningún político pondrá el grito en el cielo, porque éste no es momento de soliviantar a las víctimas. Supongo que el que los jueces y los fiscales hayan sido uno de los sectores más atacados, es un detalle sin importancia. A Tomás y Valiente, por ejemplo, le mataron por su habilidad con las canicas.
Pero nadie dirá nada, porque lo que importan son los votos.

Llevo todos estos días con una frase de una película en la cabeza, no soy capaz de dejar de pensar en ella:

“Me arrancasteis de los brazos de mi madre como dos monstruos en un cuento de hadas. ¡Y ahora lloras! No tienes lágrimas suficientes para lo que me habéis hecho”.

Señores políticos, os habéis pasado décadas usando el dolor y la tragedia ajena para ganar popularidad y elecciones sin importaros en lo más mínimo el daño que vuestros actos causaban. Sin preocuparos de no permitir jamás sanar y seguir adelante, enclaustrando a esas personas en un estado permanente de víctimas que no pueden ni deben olvidar, porque superarlo supone traición a los muertos.
Os habéis pasado décadas manipulando personas y emociones, ¿y ahora lloráis? Espero sinceramente que tengáis lágrimas suficientes para hacerlo.

Espero que os ahoguéis en ellas.

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Derecho de Admisión

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Mi hermano mayor suele decirme que cuando me enfado mucho me pierden las formas. Más de una vez, cuando me he puesto a despotricar por algo que me haya hecho alguno de los otros dos (prometo que con total justificación), me ha cortado en seco diciéndome que ya no importaba si tenía la razón o no, mi reacción ha sido tan desmesurada que ya no puede ponerse de mi parte.
Por supuesto, yo no estoy de acuerdo en absoluto porque soy la viva imagen de la paciencia y nunca digo una palabra por encima de la otra, pero esa es otra historia.

Con las masas de gente pasa más o menos lo mismo. Llegado a cierto punto y superados ciertos límites, da igual si la protesta es razonable y el enfado lógico. Ya no hay forma de darles la razón.

Este fin de semana ha sido uno de esos momentos. Beatriz Talegón (líder de las Juventudes Socialistas y últimamente en boca de todos por la bronca que le echó a los líderes de su partido sobre dar ejemplo con la austeridad) y Juan Fernando López Aguilar (actual eurodiputado del PSOE y antiguo ministro de justicia con Zapatero) quisieron participar en una de las manifestaciones convocadas el sábado para exigir la paralización de los desahucios, la dación en pago y el derecho a una vivienda digna. Una reivindicación más que justa y necesaria.

López Aguilar dejó la carrera de modelo para meterse a político

López Aguilar dejó la carrera de modelo para meterse a político

La razón se pierde (en todos los sentidos) cuando los dos tienen que salir de la multitud escoltados por la policía entre empujones, amenazas y gritos de “culpables”. Lo que me deja sin palabras (o más bien con muchas palabras y ninguna buena) es que en las redes sociales he visto muchos, muchísimos más mensajes que se alegraban por lo sucedido que alarmados por el precedente (aunque es cierto que también hay quien ha salido en su defensa, como Carlos Carnicero).

No es la primera vez que me encuentro algo así. Hace sólo un par de semanas, tuve una conversación con un contacto de Facebook totalmente indignando porque los funcionarios y médicos quisieran unirse a varias movilizaciones organizadas por el movimiento 15-M y ¡Democracia Real Ya!. El argumento era que si no confiaron en el movimiento desde el principio, ya no tenían derecho a querer unirse y aprovecharse de su fuerza de convocatoria.
Cosas parecidas he oído sobre los sectores de educación, justicia, sanidad, trabajadores de Iberia y un largo etcétera.

Lo primero que me pregunto es quién, exactamente, estuvo aquellos días de acampada en Sol haciendo un censo de edad, sexo, religión y profesión de los que se pasaron por ahí a dar su apoyo y si había gente con tareas similares en las asambleas de barrios.
Pero mi principal duda es cómo va a funcionar esto a partir de ahora. ¿Va a haber derecho de admisión en las manifestaciones?

¿Quién puede venir a la fiesta?

Ha quedado claro que no nos ajuntamos con políticos del PSOE. Al PP ni nombrarlo, claro. CIU tampoco, que también tiene un montón de gente imputada. Es más, nada con los partidos catalanes que ahora con los de los espías todos nos parecen sospechosos.
Los partidos de izquierda abertxale son todos terroristas así que fuera. Y el PNV siempre ha sido demasiado tolerante con ellos, por lo que tampoco.
Mejor, para curarnos en salud, nos alejamos de cualquier partido nacionalista que, total, en realidad sólo les interesa la independencia y no se consideran españoles. Si no les interesamos nosotros, a nosotros no nos interesan ellos.

Es más, ¿para qué complicarnos? Todos los políticos son iguales, así que ninguno de ellos a menos de 500 metros de una manifestación o se enteran. Da igual lo minoritario que sea o lo honrados y bienintencionados de sus representantes, los políticos son todos escoria que merecen morir y punto.

Aunque si nos paramos a pensar un poco más… en realidad los partidos políticos no son nadie sin sus bases.
Bien, los que estén afiliados tampoco. Ni los simpatizantes, que no estarán afiliados pero les votaron así que también son en parte culpables.

A mí, además, me parece una irresponsabilidad llevar a niños a las manifestaciones, así que padres con hijos no pueden ir salvo que se dejen a los críos en casa.

Y luego están los que van, pero en realidad no lo sienten. Quizás deberíamos mandar formularios previos a cualquier movilización para estar seguros de las intenciones de cada uno de los asistentes. Así sabremos que no van sólo por poder hacerse la foto-tuenti y decir que han estado, o que simplemente están ahí por acompañar a sus amigos o, incluso, por ganar puntos con la chica que les gusta. Que todo el mundo sabe que a las manifestaciones hay que ir puros de corazón o aparece el fantasma de Martin Luther King y te lleva.

"Si no estás lo bastante comprometido, vendré a por ti"

“Si no estás lo bastante comprometido, vendré a por ti”

¿Y por qué detenernos ahí? ¿Quién se ocupa de la lista? Porque yo quiero vetar a esas tres tías de la universidad que iban de concienciadas y en realidad eran más pijas que la Barbie Malibú. Y a mi profesora de Literatura del colegio, que nunca le gustó como escribía. Y desde luego mi tutora de COU, que era un bruja sin alma.
¿Hay un límite de gente a la que no permitir la asisntencia? Porque sólo mi lista de rencores de infancia y adolescencia ya es bastante larga.

De hecho, hagámoslo bien, pongamos porteros al comienzo de las concentraciones, como en las discotecas. Si llevas polo o camisa no entras, que seguro que eres un infiltrado del PP. Y si llevas calcetines blancos con zapatos tampoco, pero sólo porque eres un hortera.
Me pregunto cuál será la música de los verdaderos concienciados, Manu Chao es demasiado comercial. ¿Extremoduro, tal vez? ¿Fito y Fitipaldis? ¿Comprobarán los móviles y MP3 de todo el mundo o harán redadas al azar?
¿Es obligatorio haberse visto Los Lunes Al Sol o con decir que los has hecho vale, como con El Quijote?

Al final estaremos en la manifestación tres amigos y el gato, pero, oye, habremos dejado claros nuestros principios intachables e inamovibles.
Ya lo dijo Luther King: tengo un sueño… pero sólo se lo voy a contar a los que me caen bien. El resto os podéis ir a casa y leerlo por Twitter”.

Si no estás en la lista, no te manifiestas y punto

Si no estás en la lista, no te manifiestas y como te pongas tonto, te meto

Sé que miles de estudios demuestran que la Historia va por movimientos pendulares, de un extremo a otro, pero se nos está yendo un poco la cabeza. Que parece que estamos luchando por nuestras libertades y derechos pero sólo para las personas que sean dignas de ello.

Últimamente, por ejemplo, el derecho a la libertad de expresión está cada vez más limitado. Beatriz Talegón suelta un discurso en medio de la Internacional Socialista criticando la opulencia de los políticos frente a los recortes de la población y, después de un primer momento de impacto, lo que se empieza a ver por las redes sociales (que a veces parecen tener complejo de voz de Dios) y algunos medios son críticas por hacer un montaje para llamar la atención o manufacturado por los gerifaltes del partido.
¿Pero no era eso lo que llevamos meses queriendo oír? ¿No podemos esperar a que la chica haga o diga algo más antes de pedir su piel para hacer una alfombra?

Toni Cantó dijo en el Congreso que los animales no tienen derechos. Bien, no es la opinión más popular de mundo, pero, ¿sabéis qué?, es la suya y tiene tanto derecho a expresarla. Pero es que, además, si alguien se hubiera parado a oír el discurso entero y seguir más allá del titular de turno, se daría cuenta de que esa no es la idea central que intenta trasmitir.
¿Nadie más ve tremendamente irónico que autodenominados defensores de la vida le amenacen de muerte?

Con todo el lío del Papa no tengo ni por donde empezar. Mi réplica favorita ha sido “tú calla, que crees que una paloma dejó embarazada a una tía hace dos mil años”. Una gran argumentación contra la fe y la religión (por cierto, dos cosas completamente distintas).

No sé si alguien más está conmigo, pero Libertad de expresión para todos, siempre y cuando opinen lo mismo que yo es un asco de slogan.

Manifestaciones sólo por sectores, pronto en su televisor

Manifestaciones sólo por sectores, pronto en su televisor

Lo que más me preocupa es la sensación de justificación que veo. Como estamos enfadados y somos muchos todo vale. Somos masa enfurecida así que a por ellos.
Bueno, yo aborrezco la masa, soy más de personas, a ser posible, pensantes. Porque la masa hace que chicas normales se pongan a llorar como histéricas cuando ven a 200 metros al actor de moda. O que un padre de familia decida que rajar las ruedas del coche del árbitro es una idea brillante. O que desvalijar tiendas está bien porque los empresarios (da igual si son pequeños o grandes) son todos unos cabrones que se merecen lo que les pase.
De ahí a linchar a alguien en medio de la Plaza Mayor no hay tanta distancia, me temo.

A Voltaire se le atribuye la frase “No comparto lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo”. En realidad no es suya, sino de Evelyn Beatrice Hall, pero se escribió para describir el principio subyacente en sus ideas.
Ya que últimamente no nos quitamos la palabra Revolución de la boca, quizás sea un buen momento de escuchar a los padres de la mayor de todas.