50 Sombras de venga ya, hombre

Pues resulta que este mes de septiembre ha tenido castings controvertidos más allá de Ben Affleck en el papel de Bruce Wayne para la secuela de ese engendro que ha sido Man of Steel (y de lo que no os quepa duda que hablaré en algún momento).

La autora de la saga 50 Sombras por fin ha revelado quién encarnará a sus personajes en la pantalla grande y parece ser que la elección no ha entusiasmado a los fans, precisamente.

Lo que me desconcierta de este tema no es la reacción airada de los seguidores de la serie, que estas cosas pasan siempre. Y tampoco voy a entrar en si Dakota Johnson (hija de Don Johnson y Melani Griffitt, lo que supongo que la convierte en hijastra de Antonio Banderas) y Charlie Hunnam harán un buen trabajo o no. No creo haberles visto actuar jamás y si lo he hecho no lo recuerdo (lo que no tiene por qué ser necesariamente malo).

Les presentamos a Anastasia Steele y Christian Grey

Les presentamos a Anastasia Steele y Christian Grey

Mi problema con esto es el fenómeno de 50 Sombras per sé.

Quiero decir… entiendo lo que es ser fan y la histeria por tu actor, cantante, autor o dibujante de cómics favorito (y el que siempre tartamudee delante de Mark Buckingham no tiene nada que ver).
Entiendo que hay chicas que se desmayan sólo por tener a Mario Casas cerca, comprendo que hay gente en el mundo que de verdad querría casarse con el Edward de Crepúsculo y hasta acepto que vivo en un planeta en el que una carita sonriente de Justin Bieber recibe cientos de miles de retuits. Puede no gustarme, pero lo entiendo. En serio.

Blanca Nieves y Lobo para Mark Buckingham para la web Trazos en el Bloc

Blanca Nieves y Lobo by Mark Buckingham para la web Trazos en el Bloc.

Lo de la saga de E.L. James va más allá de lo que puedo entender.

Me parece muy bien que te gusten los relatos eróticos. Incluso los abiertamente pornográficos. Como si tienes una cuenta premium en todorelatos o toda la colección de la sonrisa vertical, pero lo de ir leyéndolo en el metro… No sé, hay cosas que yo, personalmente, prefiero mantener en el ámbito privado. Que a lo mejor resulta que soy una mojigata, pero no termino de verle la gracia a que todo el mundo en un vagón saturado sepa que voy más caliente que el pico de una plancha. Quizás soy rara.

Aunque, bien, vale, sucumbes al márketing y a la presión social y decides hacerte con un ejemplar y te lo lees donde consideras pertinente, con todo el exhibicionismo que quieras que para eso eres tú quien está leyendo. Yo también lo hice, lo confieso (leerlo, las historias de exhibicionismo las dejo para post que no corran el riesgo de ser leídos por ningún hombre con quien comparta apellido).

La diferencia está en lo que haces cuando lo terminas. Mi reacción fue pensar “Oh, Jesús. Y habrá gente que pague dinero por esto”.
Pero es que hay por ahí toda una horda de seres humanos que al terminar piensan “Oh, Jesús, qué bonito, estoy deseando leerme el siguiente”.

Y eso es lo que yo no entiendo.

Para empezar, la historia está tan trillada que ni siquiera es suya: hasta la autora reconoce que es una mala adaptación de Crepúsculo llevada al mundo del sadomasoquismo. Bueno, acepta lo de la adaptación, supongo que le costará un poco más aceptar en público que parece que está escrita por una niña cursi y poco lista de 3º de la ESO (sin querer ofender a ninguna chica de la ESO).

Las tan alabadas escenas de sexo se pueden contar con los dedos de una mano y son tan poco creíbles que te hacen pensar que los hijos de E.L. tienen que ser adoptados porque esta mujer no ha podido tener sexo de verdad en la vida.
Aunque visto de otra forma, si tiene la facilidad de Anastasia Steele para llegar al orgasmo, entonces es una persona increíblemente afortunada.

Pero es que, además, los personajes son para darles de bofetones hasta que se te caiga la mano sólo para ver si espabilan un poco.

Aquí es cuando empiezo a destrozar el libro paso a paso. Si por casualidad quieres leértelo este es el momento de buscar otro blog para hoy. Si por el contrario, aunque sientes curiosidad tienes aprecio por tus neuronas, sigue aquí y ahórrate sufrimiento.

Christian Grey es, en apariencia el sueño de toda chica: guapo, divertido, rico, inteligente… Sólo tiene un minúsculo problema. ¿Qué le va el sado? No. Mientras sea consentido y les guste a los dos, soy muy fan de que cada uno haga en su cama (o la superficie que prefiera) lo que considere oportuno.
El pequeño secreto del perfecto Señor Grey es que es un saco de traumas que necesita un psicoterapeuta con notable urgencia.
Resulta que al bueno de Christian le gusta jugar duro en el sexo porque su madre biológica le maltrataba de pequeño.  Parece ser que a los señores Grey no se les ocurrió nunca llevar a un niño maltratado a terapia cuando lo adoptaron porque el pobre Chris siempre se sintió diferente al resto de sus hermanos (este es un momento muy tierno, recordadlo). Pero no pasa nada, porque una amiga de su madre adoptiva se da cuenta de su problema y para ayudar decide enseñarle los caminos del BDSM ¡a los 15 años!
Muy lógico y sano todo y estupendo para ayudar a desmitificar y normalizar este tipo de parafilia (que es una de las principales cualidades que le atribuyen al libro).

Anastasia Steele debería entrar directamente en la antología de personajes femeninos que avergüenzan mucho a sus congéneres.
Cada vez que oigo/leo decir a una chica que quiere ser como Anastasia me entran ganas de preguntarle si su aspiración en la vida realmente es ser insegura, manipulable y más bien poco inteligente.
Aunque acepto que no todo el mundo es aficionado a la tecnología, digo yo que una recién licenciada por una de esas universidades que no están al alcance de todos en los Estados Unidos debería saber, por lo menos, encender un portátil sin que parezca que ha necesitado una ingeniería informática.

Y luego está lo de la diosa interior que le habla y frunce el ceño. ¿Qué diablos se supone que es eso? ¿Oye voces? ¿Es un principio de doble personalidad? ¿Le pide que queme cosas? No nos vamos a engañar, la historia ganaría puntos enteros si la diosa le empezara a dar instrucciones para que los matara a todos.

Por no hablar del hecho de que deja que Christian le haga lo que le salga de las narices (o de otra parte del cuerpo) no porque sienta curiosidad o porque quiera probar cosas nuevas. La única motivación de Anastasia es que él la quiera, que es exactamente el ejemplo que queremos dar a las nuevas generaciones. Todo el tema masoquista le apetece más bien poco y le da más mal rollo que otra cosa. Pero si hay que dejarse azotar para conservar a tu novio, pues te dejas, puñetas. ¿No he mencionado ya que es rico y guapo?

Y además está encantada con un novio controlador y agobiante que parece ser que es lo que queremos todas. Y yo sigo pensando que debo de ser rara porque a mí se me presenta un tío en mi graduación o en una fiesta con mis amigos sin que le haya invitado y me mosqueo. Me persigue al otro extremo del país mientras estoy de vacaciones y directamente llamo a la policía. Pero no… resulta que eso es romántico.

Y esta, señoras y señores, es la pareja romántica de moda. Hacen que Bella y Edward parezcan normalitos, pero las mujeres se lo leen como si fuera algo a lo que aspirar.

Podría ser peor

Podría ser peor. Podrían ser Christian y Anastasia.

Si a pesar de mi sutil crítica sigues queriendo leerte este despropósito al que llaman libro, te recomiendo que lo hagas con el acompañamiento de la lectura en directo que hicieron en la web de Norma Jean. El libro seguirá siendo un asco, pero al menos te reirás en el proceso.

Y luego leed Jane Eyre, por favor, aunque sólo sea para compensar.

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