Dioses de la Tecnología

Ya hace años, era frecuente oírme decir frases como “no está estropeado, es que tiene una personalidad muy particular y no le gusta todo el mundo” para hablar de alguno de los aparatos que poblaban mi antiguo dormitorio. No había aparato tecnológico en mi posesión que no tuviera, cuanto menos, alguna ligera particularidad: televisiones que sólo se encienden desde cierto ángulo, ordenadores que se ponían en marcha con la sutileza de un avión a reacción al despegar, reproductores de DVD que se saltaban capítulos de forma aleatoria dependiendo de si la serie les gustaba o no (era evidente su preferencia por Expediente X por encima de las Chicas Gilmore)…

Durante mucho tiempo pensé que eran anécdotas aisladas, casualidades. Sin embargo, hace años comencé a sospechar que quizás podría haber algo más tras estos incidentes. Sobre todo después de matar tres ordenadores en menos de dos semanas por el simple hecho de introducir mi clave de acceso en el trabajo. Empezaba a parecer evidente que la tecnología y yo no nos llevábamos bien y esa tendencia sólo ha empeorado en los últimos años hasta llegar a límites insostenibles.

Sherlock Holmes decía que cuando eliminas toda solución lógica a un problema, lo ilógico, por imposible que parezca, debe ser la verdad. Basándome en ese mismo principio, he llegado a la única conclusión posible para explicar los sucesos de los últimos meses: los Dioses de la Tecnología existen, nos vigilan y me odian.

Ni siquiera sé por qué me odian. Llevo semanas pensando en ello, pero no se me ocurre ningún hecho tan desastroso o cruel por mi parte que me haga merecer semejante penitencia. Me están torturando de tal forma que de vez en cuando no puedo evitar entrar en modo David Summers y empezar a tararear “¿qué te he hecho yo?”. A veces incluso llego al “¿por qué eres así?”. Es terrible.

¿Será que me he acercado demasiado a la verdad y temen que revele su existencia? ¿Quizás estoy destinada a acabar con una super-raza de electrodomésticos psicópatas y por eso intentan destruirme desde mi más tierna infancia?

Seguramente estáis pensando que ya se me ha vuelto a olvidar tomar la medicación, pero es la única explicación posible a un móvil de funcionamiento aleatorio, una tele que se ve verde en cuanto se calienta un poco y dos ordenadores portátiles fulminados en menos de dos meses.

Seguro que también os ha pasado a vosotros, pero no habéis sabido distinguir las señales. Ese móvil que se apaga sin avisar la tarde que estás esperando una llamada importante, la tele que se apaga en el momento justo del gol del siglo, el ordenador que se cuelga misteriosamente (borrando todo tu trabajo de las últimas horas) pero que vuelve a funcionar como si nada 3 segundos antes de que el técnico llegue a revisarlo.
Son ellos, son sus pequeñas venganzas pero las disimulan en forma de batería defectuosa o amigo que se ha sentado encima del mando a distancia sin querer.

Y no, el que mi tele y mis portátiles tengan el equivalente tecnológico a la edad de Matusalén o el que yo sea extremadamente torpe y mi móvil acabara en un charco de cerveza no tiene nada que ver con esto.

Los dioses de la tecnología existen, son crueles y vengativos y disfrutan viendo nuestro sufrimiento. No digáis que no os lo advertí.

PD: ¿Veis como tengo razón? Por motivos inexplicables esta entrada, que tendría que haberse publicado a las 9 de la mañana, ha decidido que le daba pereza y he tenido que volver a subirla.
Existen y van a por nosotros.

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Miedos absurdos

Hace unos años tuve una infección en el riñón que recuerdo con auténtico horror. Por ciertos errores médicos que ahora no vale la pena mencionar, tardaron casi 6 días en darme un diagnóstico correcto y, en consecuencia, el tratamiento adecuado.
Fueron 6 días de un dolor lacerante e insoportable que no me permitía ni respirar. Un dolor horripilante que hizo que dudara si los vómitos fueron sólo por la infección y si los delirios fueron únicamente producto de la altísima fiebre.
Una tortura interminable que me permitió comprender por qué los Longbottom optaron por la demencia y que subió puntos enteros mi admiración por todas y cada una de las mujeres que han decidido tener más de un hijo a propósito. Porque si el parto doliera la mitad de lo que dolió aquello, nadie tendría hermanos.
¿Exagerada? Eso sólo lo pensaría alguien que nunca ha pasado por algo semejante. Casi una década después siento escalofríos sólo de pensarlo.

Esta alegre anécdota no ha surgido sólo porque sí. Fue lo primero que vino a mi mente hace unas semanas cuando tuve una conversación tipo “¿Cuál es tu mayor miedo?”.
Bien, siendo yo con la gente con la que me suelo relacionar, en realidad la pregunta fue “¿Qué forma adoptaría tu boggart?” (no-fans de Harry Potter, la explicación aquí), pero para el caso es lo mismo.

Dementor_Boggart

Alguien que me conozca bien pensaría que mi mayor miedo serían los dentistas (otra historia para no dormir, es más, creo que el guionista de esta película conoce al cirujano que me quitó mi primera muela del juicio).

Alguien que me conozca muy bien pensaría que mi mayor miedo es no tener algo completamente bajo control, que es algo que tampoco me entusiasma excesivamente.

Pero la triste verdad es que lo que me aterroriza hasta la parálisis es un órgano de mi propio cuerpo. Diez años después del incidente, sigo yendo al médico en pánico ante la más mínima molestia en la zona lumbar, no vaya a ser.

No es que lo tenga en mente todo el tiempo, de hecho rara vez pienso en ello y sin embargo he adquirido hábitos por su causa de los que ni soy consciente. Como me causó un dolor inenarrable hace unos años, ahora vivo a la orden de sus caprichos y soy más que capaz de alterar mis rutinas por su causa. ¡Soy víctima de mi propio riñón!

Parece inofensivo, pero en realidad es un cruel sádico que disfruta del dolor ajeno

Parece inofensivo, pero en realidad es un cruel sádico que disfruta del dolor ajeno

Lo que soy es absolutamente irracional (por si había que aclararlo). Es lo que tienen los miedos, que la mayoría no tienen demasiada explicación ni siquiera cuando están basados en antecedentes. Porque el escenario apocalíptico que fabricamos en nuestra cabeza siempre es mil veces peor que la realidad.

Lo cierto es que seguir asustada a estas alturas es absurdo. Ya sé reconocer los síntomas y me cuido mucho más que entonces. Las posibilidades de que vuelva a pasar algo parecido son prácticamente nulas. Incluso poniéndonos en el peor de los casos, incluso aunque vuelva a tener una infección, sé que no volveré a pasar 6 días en agonía hasta que a alguien se le ocurra hacerme un análisis y/o una ecografía.

Es hora de asumir que el dolor insoportable no volverá.

Y lo que eso implica da casi tanto miedo como todo lo anterior.

Porque, por supuesto, aunque la anécdota de la infección ocurrió y no le deseo esa experiencia ni al peor de mis enemigos y me aterra volver a sentirme así… ese no es mi peor miedo.

Aunque se le parece mucho. Es casi igual de absurdo.

Vacaciones Infantiles

Al fin he tenido mis muy necesarias y merecidas (y realmente cortas) vacaciones y quiero pensar que todo el mundo se alegra de que haya regresado. Menos yo, claro, que no me alegro nada y empecé a echar de menos la playa unos 45 minutos antes de subirme en el tren de vuelta.

Mis vacaciones, como las de la mayoría (sobretodo en estos tiempos) son bastante normalitas y nada glamurosas: la casa familiar en la misma playa a la que he ido desde que tenía 17 días de edad.  Y como no podía ser de otra manera, el pack viene con niños incluidos. Es lo que tienen las casas familiares.

Tampoco es mal sitio para estar

Tampoco es mal sitio para estar

Como mis hermanos y sus amigos son su propia explosión demográfica ambulante, mis tranquilos días de desconexión siempre implican un pequeño y adorable monstruito como mínimo. Y no es nada raro que sean tres o cuatro, sólo para empezar. El día que se junten todos, van a necesitar su propia guardería y probablemente haya lista de espera.

Como yo no tengo hijos, lo cierto es que alucino un poco cuando hay que prepararse para salir a tomar el sol. Una, cuando va sola, coge toalla, libro, gafas de sol, llaves, una botellita de agua y algo de dinero suelto por si apetece tomar algo más y ya bajo con la sensación de que voy cargada como una mula.

Ir con niños implica una bolsa para toallas y ropa para cambiarse; la bolsa de los juguetes; el flotador, manguitos, colchoneta y/o cualquier otro objeto hinchable y que ayude a mantener la cabeza del niño por encima del nivel del agua; el almuerzo, que va en bolsa a parte porque la leche, el zumo, las galletas, los potitos, la fruta y las tortas de maiz ocupan bastante; la sombrilla y la otra sombrilla porque hoy vienen los primos y mejor bajamos dos; y por supuesto, no podemos olvidarnos los varios litros de crema para incordiar a los críos (y a los adultos sin hijos) cada rato.

Y eso para tres horas de playa.

No entiendo como aún no hay servicios de porteadores en los paseos marítimos para ayudarte en el trayecto de vuelta a casa en el que, además, tienes que cargar con el crío absolutamente agotado.

A estas alturas estaréis pensando “menuda quejica”, pero nada más lejos de la realidad. Me impresiona mucho toda la parafernalia, pero me lo paso genial con los enanos, sobretodo porque la tía, cuando ya no puede con su alma y necesita derrumbarse en la toalla y morirse un rato (por piedad), puede decir aquello de “pregúntale a papá, cariño, que seguro que él juega mejor que yo”. A veces hasta cuela.

Y sí, sin duda damos el espectáculo cuando llegamos en plan invasión germana y tomamos posesión de media playa. Y sí, los niños llaman mucho la atención cuando empiezan a gritar muertos de risa porque papá o mamá o el tío les están persiguiendo y haciendo muchas cosquillas.

Y cuando los “adultos” entran en modo ingeniero de minas mientras cavan el hoyo correspondiente del día, pondría sillas, un puesto de palomitas y empezaría a cobrar la entrada.

Y los dioses saben que yo acabo con moratones y agujetas por todo el cuerpo y más que dispuesta a subvencionar una investigación para desarrollar el botón de apagado de sobrinos.

Pero cuando pienso en el padre de detrás de nosotros, que no encontró 10 minutos para jugar con su hijo a las palas o las dos crías de un poco más allá a las que no las dejaban moverse de debajo de la sombrilla…

Y veo las fotos y los vídeos que hacemos. Y mi sobrina me pregunta por teléfono cuando vuelvo a ir a jugar con ella…

Bueno… mis vacaciones nos estarán llenas de glamour, pero desde luego hay destinos peores.

Season Two

¡Ja, ja, já! ¡Hemos vuelto! Llega la segunda temporada de Como decía el bueno de Jack.

Por un momento ha parecido que no lo lograríamos. Hemos tenido que luchar contra los elementos y los dioses de la tecnología que, obviamente atemorizados ante nuestro poder, hicieron todo lo que estuvo en sus manos por frustrar nuestros planes. ¡Pero prevalecimos! Y ahora tomaremos justa venganza de…
¿Demasiado Juego de Tronos? Perdón, los dragones me han hecho un lío.

El comienzo de septiembre tiene un no sé qué de nuevo ciclo que siempre me ha hecho pensar que este es el momento de cambios, renovación y buenos propósitos, muy por encima del 1 de Enero.
Seguro que si preguntamos al psicólogo de guardia, dirá que tiene que ver con las estaciones. O quizás, que después de veintitantos años de estar pendientes del comienzo de curso es normal que estemos un poco influenciados, pero no nos engañemos, el verdadero motivo, al menos en esta era de internet y frikismo, es mucho más simple: ¡vuelven las series!

Y siguiendo el espíritu de las majors, vamos a hacer un resumen de la temporada anterior y una pequeña presentación de la que empieza antes del comienzo oficial. La parte buena es que no habrá spoilers, es lo que tiene el que se vaya escribiendo sobre la marcha.

Revisando lo que fue el año pasado, vamos a reconocer una cosa: no fue nada aburrido. No pudimos compartirlo todo lo que nos hubiera gustado (hemos eliminado a los anteriores guionistas por incompetentes, esperemos que los nuevos funcionen mejor), pero desde luego fue interesante. Regresar al país, mudarse, encontrar un trabajo con el que sobrevivir, encontrar un trabajo con el que no tener que cruzar los dedos constantemente para evitar un solo céntimo de gasto extra…

Que dicho así no parecerá mucho, pero capítulo a capítulo fue realmente intenso. Y un pelín agotador, todo sea dicho. Aunque puede que esta perspectiva se vea ligeramente afectada por el hecho de que no me he ido de vacaciones desde que regresé y que o me voy a la playa pronto o quizás en un futuro próximo tengamos entre manos el primer caso documentado de Combustión Humana Espontánea.

No fue un accidente espacial, es que no le dieron vacaciones

No fue un accidente espacial, es que no le dieron vacaciones

De la Temporada Dos no tenemos muchas pistas. El cambio de imagen para esta nueva etapa es evidente (por cierto, si os preguntáis quien me ha hecho el fantabuloso banner, su nombre es David Enebral y es capaz de cosas realmente increíbles, doy fe), pero al margen de eso, solo podemos esperar que sea más tranquilo. No necesariamente aburrido, pero sí tranquilo. Porfa.

Sí adelantaremos que el personaje principal tiene trabajo nuevo, divertido (lo que es una gran mejora) y con un enorme potencial para cantidades ingentes de anécdotas; que en unos meses habrá un personaje nuevo (un pequeño compañero de piso peludo y con un poco de suerte sin ningún interés por las cortinas) y que habrá un escenario nuevo recurrente del que no daremos más datos no vaya a ser que lo gafemos.

Lo que aún está por ver es quién o qué será el tema principal de la temporada. Basándome en los últimos días, diría que hemos hecho algo para molestar a los dioses de la tecnología y se presentan como unos rivales temibles, pero podría ser uno de esos malos para despistar y que no prestes atención a la trama principal. Además, todo el mundo sabe que los monstruos de la semana siempre son más entretenidos.

Lo demás, dioses mediante, se mantendrá estable: los mismos secundarios, algún personaje nuevo que no se sabrá si es permanente hasta el final de temporada, los temas de siempre (que se podrían resumir en que se me va la cabeza y, además, no termino de entender el mundo en el que vivo), alguna sorpresa de tanto en tanto para no perder el interés…

No sé vosotros, pero yo estoy impaciente por ver lo que ocurrirá después.

Niñas de papá

Hoy intentaré ser breve (y las carcajadas se escucharon hasta en el rincón más oculto del universo). No, en serio, esta vez sí.

Me encanta el día del padre. Es uno de mis días favoritos del año. Supongo que es lo que tiene ser un poco niña de papá, aunque sea a mi extraña manera.

Pero el verdadero motivo para que me guste tanto es porque me parece el momento perfecto para recordar un par de cosas fundamentales que a veces tenemos cierta tendencia a olvidar (bueno, vosotros, que yo lo tengo en mente todo el día):

1. Hay gente que nació para tener hijos. Son esa clase de personas que ves con su bebé en brazos y te devuelve la fe en la raza humana sólo con ese gesto. Es algo que, por suerte, puedo presenciar con mucha frecuencia, pero que no deja de asombrarme. Tras 72 horas bañada en esa sensación, puedo prometer que la vuelta a la realidad ni siquiera parece tan mala, después de todo, aún hay esperanza en el mundo (sí, lo sé, me pongo muy cursi de vez en cuando).

2. Una familia es mucho más que genes y biología. Un espermatozoide o un óvulo en el lugar y momento correcto no te convierte en padre. Engendrar a un hijo es fácil, lo complicado es lograr que crezca feliz y sabiéndose lo más importante del mundo para alguien.

Ya verás qué bien nos lo vamos a pasar

Ya verás qué bien nos lo vamos a pasar

Así que muy feliz día del padre a todos los que tengáis hijos, biológicos o no, por elección, por falta de opciones, porque no había nadie más que lo hiciera o porque quisisteis. Feliz día a todos.

Y gracias. Espero que haya muchas más niñas (y niños) de papá en el futuro.

Adoctrinamiento

El tema del día es la educación infantil. Específicamente la mía. Porque cuantos más años pasan, más convencida estoy de que yo no fui educada, fui debida (y eficazmente, todo hay que decirlo) adoctrinada.

En realidad, hace años que lo sospecho. Más o menos desde el final de mi primer año de universidad, cuando mi hermano mayor consiguió que me auto-echara la bronca yo solita sin ayuda de nadie. Todo lo que él hizo fue llamarme y decir “¿Qué tal los exámenes?”. Después de unos 10 minutos de un monólogo cargado de divagaciones acabé confesando (y regañándome por ello) que había suspendido dos.
En defensa de mi hermano diré que hizo enormes esfuerzos por no reírse. Por si cabe alguna duda, falló estrepitosamente.

La cosa es aún peor ahora que vivo sola. Lo empecé a notar desde los primeros días. Llegas a casa con una compra grande, cansada de colocar cosas, mover cajas y cargar bolsas. Lo único que quieres es desplomarte en tu sofá y morirte un rato. Y ahí es cuando la oyes por primera vez. Esa voz. La voz de tu conciencia (que tiene un parecido tremendamente sospechoso con el hermano que usa sus poderes Jedi para que te auto-regañes).
En casa no se está con ropa de la calle.
Y piensas: paso. Estoy echa polvo, no me voy a mover del sofá. Es mi ropa y a nadie le importa si se arruga o no. Además, esa era la regla de los uniformes del colegio porque la falda tenía que durar toda la semana. No voy a moverme. No voy a moverme.

Y tú no quieres, pero te levantas a cambiarte porque la voz en tu cabeza te lo ordena y desde el momento en que la oíste, las posibilidades de echarte una siesta tranquila han descendido a números negativos.

¿Control mental Jedi entre nosotros?

¿Control mental Jedi entre nosotros?

Ya está, ya has cedido una vez y es como abrir una compuerta sin botón de cerrado. Te sorprendes a ti misma agobiada cuando vas a salir a la calle con el pelo mojado porque luego te quejarás de que te duele la garganta.
Cuando te da pereza hacerte una cena en condiciones y optas por unos cereales y un colacao puedes escuchar claramente un “eso no será todo lo que vas a comer, ¿verdad?”.

El acabose llega cuando te despiertas en plena noche, te levantas medio zombie a por agua porque estás muerta de sed y tu cerebro se pone a gritar a pleno pulmón ¡¡¿DESCALZA!!?. Lo que realmente quieres contestar es ¡Sí, joder, sí! Tengo 30 años, vivo en mi casa y voy descalza si quiero. Pero claro, si eso no se lo dices al original, mucho menos a la versión histérica e histriónica que parece haber acampado en lo más recóndito de tu psique. Además, todo el mundo sabe que no hay que responder a las voces de tu cabeza, por si acaso.

Así que lo que haces es ponerte lo que sea en los pies y fingir que es porque quieres y no porque le estás haciendo caso a tus alucinaciones auditivas.
Que ya me veo yo en medio de un incendio, el bombero tirando la puerta abajo para sacarme antes de que muera achicharrada y yo diciendo, un momento, señor Bombero, que no encuentro mis zapatillas de andar por casa.

Lo que me resulta más curioso de todo esto, no es el hecho de sentirme poseída y sentir el impulso de llamar al Padre Karras más cercano. Lo que realmente me intriga es que, en realidad, mi hermano no es ni la décima parte de pesado insistente que su versión imaginaria.

Sí, por supuesto que me dio la brasa con deberes, desorden, comida y temas de salud (aunque hay que reconocer que yo cogía anginas en octubre y ya no las soltaba hasta abril, justo a tiempo para empezar con la alergia). Y sí, lo de andar descalzos casi rozaba la obsesión, pero también es verdad que nos criaron en la firme creencia de que esa era la causa de todos los males: desde la menor de las infecciones hasta el peor de los dolores menstruales pasando por el suspenso en química o el dedo de la mano roto jugando en el recreo (no he dicho que la creencia en cuestión tuviera ningún sentido).

Es verdad, insisto, que se preocupaba, pero si me hubiera dado la brasa sólo la mitad que el irritante Pepito Grillo en mi mente, le habría estrangulado con el cinturón de la bata antes de cumplir los 15 años. Y si hay algo de lo que no le cabe la más mínima duda a nadie es que yo adoro a mi hermano, así que no puedo evitar preguntarme cómo diablos lo hizo.

Un buen insecticida es lo que hacía falta

Un buen insecticida es lo que hacía falta

¿Utilizó algún vudú pauloviano para instalarse permanentemente en mi cabeza? No recuerdo ningún sistema de castigos y recompensas, pero a lo mejor ahí está el truco.

Me cuesta más imaginarle poniéndome cintas con mensajes grabados mientras dormía, al más puro estilo “Un Mundo Feliz”, pero lo cierto es que no encuentro muchas más explicaciones a poder oír su comentario sobre mi tardanza en deshacer las cajas del traslado como si estuviera en mi salón. Es que casi podía verle apoyado en la estantería mirando los trastos por el suelo y soltarme un “interesante estilo de decoración” con ese medio descojone sarcástico que sólo puede ser suyo.

No estoy sola

Hablando con algunos amigos al respecto he descubierto que no soy a la única a la que le ha pasado, pero eso no hace que me sienta mejor. Más bien al contrario, me siento casi más paranoica aún. ¿Será alguna conspiración parental de control mental? ¿Existe alguna empresa que se dedique a crear e implantar estos mensajes en el subconsciente? ¿Resulta que la hipnosis sí funciona, mi hermano es un maestro en ese arte y nunca me ha dicho nada?

Mis amigos con hijos niegan cualquier clase de complot, pero claro, si lo hubiera no lo admitirían. Además, probablemente exista algún tipo de contrato de confidencialidad o te obliguen a hacer una Juramento Inquebrantable para guardar silencio, así que no me fío.

Obedece al lider.... digo, no camines descalza

Obedece al lider…. digo, no camines descalza

También podría ser… quizás, supongo… que simplemente hizo su trabajo muy bien (demasiado, para mi gusto) y consiguió, en la medida en la que se lo permitía esta materia prima, inculcarme algo de sentido común y sensatez. Qué feliz me hace en esos momentos en los que me siento culpable por estar jugando con el móvil mientras hago la comida porque en la cocina no se juega.

Por lo menos, me queda el consuelo de saber que las voces en mi cabeza nunca me ordenarán quemar cosas. Eso ya lo hago yo por iniciativa propia.

Medidas Contra el Paro

La semana da para tantas cosas a nivel político-económico que a veces es difícil elegir, pero lo que más me ha llamado la atención, seguramente porque es lo que más me afecta, han sido las “propuestas” del gobierno para solucionar las cifras del paro. Y lo pongo entre comillas por el simple hecho de que tengo la sensación de que muchas de ellas son canciones ya cantadas. Algunas muchas veces.

Lo que sí ha sido nuevo, para mí al menos, ha sido el concepto de minijobs o miniempleos, dependiendo de lo anglosajón que te sientas. Al principio, sobretodo porque lo leí en twitter de un contacto con tendencia a no hablar en serio, pensé que era una broma. ¿Miniempleos? ¿En serio? ¿Esa palabra es de verdad o se la han sacado de la manga por el camino? Teniéndolo todo en cuenta, lo primero que se me pasó por la cabeza fueron contratos aún más temporales. Ya los hay para días y horas y ahora nos íbamos a sacar de la manga por minutos y segundos. Resulta que no es eso, pero ahora tengo miedo de haber dado ideas.

Los minijobs para jóvenes se resumen, muy básicamente, en que podrás seguir de prácticas hasta los 30 independientemente de cuándo hayas terminado la carrera. Pues muy bien. Porque, como todo el mundo sabe, el sueldo de las prácticas da para vivir holgadamente a poquito que te administres. Quien no se mantiene con 400 eurazos es porque no quiere.

SI es que se quejan de vicio

SI es que se quejan de vicio

 

No puedo hablar por otras profesiones, pero en periodismo pasa muchísimo. Los becarios viven estupendamente: pagan un salario justo, no trabajan jamás más horas de las estipuladas, ni tienen que llevar a cabo funciones muy por encima de su responsabilidad. Esas historias de medios, empresas o agencias que al final no te pagan ni el abono transporte para llegar a las ruedas de prensa o que te hacen firmar por 4 horas cuando en realidad vas a estar 8 (o 10 o 12 a la que te descuides) o de estar prácticamente dirigiendo secciones enteras del periódico durante las vacaciones son todas falsas. Nada más que leyendas negras para vilipendiar a pobres y honrados empresarios que no explotan en absoluto la necesidad de hacer currículum de estudiantes y recién licenciados. Mentiras todo, claro que sí.

Lo que me deja alucinada de verdad es que, por lo que he leído hasta ahora, el trabajo a desempeñar no tiene por qué estar relacionado en absoluto con la carrera estudiada y el único requisito para que la empresa se acoja a este tipo de contrato es dar alguna clase de formación que tampoco tiene por qué estar relacionada y que además pueden ser simplemente cursos del INEM.

Es decir, que una empresa puede tener a una mujer de 28 años, licenciada de ADE hace 4 o a un licenciado de Publicidad hace 5, cogiendo el teléfono y sirviendo cafés para ahorrarse la recepcionista, por un sueldo tan ridículo que debería entrar en la categoría de propina, con la única condición de que vayan al curso de ofimática del INEM más cercano en el que van a aprender a usar Windows.
Llamadme tocanarices, pero me cuesta ver el beneficio de esto. Matizo, el beneficio para los trabajadores, las del empresario las veo por todas partes.

Por cierto, que según parece los minijobs han funcionado estupendamente en otros países (por favor, notad el sarcasmo)

La Fuga de Logan

También va a haber ayudas para autónomos y emprendedores rebajando las cuotas o permitiendo una capitalización del subsidio de desempleo o la posibilidad de aplazar el paro hasta 5 años.
Todo, siempre y cuando seas menor de 30 años.

Y el que ya tenga 31 puede quedarse en la puerta y mirar. No hablemos de los 45 o 50. Supongo que alguien se puso a echar cuentas y notó que ayudar a menores de 30, con menos capital y experiencia para montar empresas por no hablar de años cotizados en la seguridad social, es muchísimo más barato que lo mismo a quien quiera que lo pida. Aunque eso sólo una teoría absolutamente descabellada.

No es que critique que ayuden a los jóvenes, ni mucho menos, es que me pregunto en qué momento me colé en La Fuga de Logan y no me dí cuenta. No llevo ninguna gema incrustada en el cuerpo que haya cambiado de color como aviso, pero es evidente que para el gobierno, como ya no entro en la estadística de joven, cuento mucho menos. Por lo menos, de momento, no han mandado a ningún escuadrón a buscarnos. Tiempo al tiempo.

Señor Rajoy, que los 30 también molan, si hasta tengo una categoría que lo dice.

Nada de gemas en la mano, aún no he caducado

Nada de gemas en la mano, aún no he caducado

ETTs

Otra de las medidas es que las ETTs ejerzan como oficinas de empleo. Que me pregunto yo, a qué se dedicaban hasta ahora, pero no vamos a entrar en matices. Lo que sí es nuevo es que podrán hacer contratos en formación que es justo lo que nos hacía falta.

Confieso que hasta hace menos de un mes consideraba a estas empresas la demostración empírica de que el mal existe. Hoy por hoy, no sé si los dueños son los discípulos del diablo que yo me imagino, pero la gente que trabaja ahí, desde luego que no.

La chica de Adecco que me ha encontrado el trabajo ha estado pendiente de mí en cada paso del proceso, me ha tenido al tanto de todo, no me ha ocultado nada ni ha escatimado en detalles, me ha dado consejos para la entrevista y hasta me llamó después para ver qué tal había ido. Que sí, que es su trabajo y que incluso es probable que tengan objetivos de colocación, pero la sensación con la que yo salí de la oficina antes y después de firmar el contrato es que le importaba lo que me ocurriera. Tal y como están las cosas, eso ya es decir mucho.

De todas formas, en mis ratos en esa oficina he tenido tiempo para oír historias para no dormir. Chicas trabajando en tres o cuatro sitios diferentes en la misma semana. Camareros a los que la empresa ha mandado de vuelta a casa sin explicación simplemente porque al encargado le apetecía. O salir a media mañana de un trabajo en el que has estado un par de horas para ir a otro en el que estarás otras cuatro para ver si juntas las horas suficientes para llegar a fin de mes… ¿Cómo vas a sentirte mínimamente vinculado así? ¿Para qué vas a proponer ideas o mejoras? ¿Por qué vas a querer hacer más de lo mínimamente indispensable?

Contratos de 5 minutos, Forges también cree que es cuestión de tiempo

Contratos de 5 minutos, Forges también cree que es cuestión de tiempo

 

Yo he tenido suerte. Tengo un contrato más o menos largo, mis compañeros son muy majos, el ambiente es cómodo y distendido y no tengo la sensación de ser una pieza intercambiable para mi jefe. Pero aún así, trabajar sabiendo que vas a irte y que todos a tu alrededor también lo saben es extraño. Mi tarjeta de acceso, mis claves… hasta mi extensión telefónica es provisional. Es cómo vivir con una cuenta atrás permanente, ya pensando en cuándo y cómo voy a encontrar mi próximo trabajo.

Lo bueno es que ya soy mayor de 30, así que no estropearé mucho las estadísticas a nadie cuando se me acabe el contrato.

Lo que sí me ha quedado clarísimo con estas medidas es que efectivamente son medidas para luchar contra el paro. En concreto contra las cifras del paro. La máxima parece ser “voy a sacaros de esa lista por las buenas o por las malas, que papá Bruselas y mamá Merkel me han dado un ligero tirón de orejas. El que podáis vivir de vuestro trabajo ya es otro tema y ahora estoy cansado así que no preguntes”.

Las prioridades se ven clarísimas cuando te enteras que las ayudas de la Unión Europea para la creación de empleo son de 6.000 euros frente a los 100.000 que se ha llevado la banca.
No sé, quizás si fundo y quiebro un banco con mis amigos y familiares al gobierno dejará de importarle mi edad para echarme una mano.

Creo que Facebook Intenta Decirme Algo

Últimamente he tenido una extraña sensación, como si el universo estuviera intentando enviarme un mensaje y hubiera elegido nada más y nada menos que la red social de Mark Zuckerberg para hacerlo.

Se supone que los anuncios de Facebook vienen definidos por el perfil de la persona, las búsquedas en internet desde ese ordenador y otras variables (que ni entiendo ni me interesan en exceso) que permiten decidir cuales serán los mejores y más efectivos con el objetivo en cuestión. Hasta ahí todo bien.

Lo que me tiene un poco escamada es que desde hace unos meses, el anuncio más recurrente en mi perfil es uno de congelación de óvulos. ¿Sabías que la concepción es cada vez más difícil una vez alcanzada la treintena? ¿No? Ahora yo sí.
Pero Facebook, preocupado por mí y mi futura (aunque parece que poco probable) descendencia tiene a bien indicarme los pasos a seguir para asegurar que mis genes no mueran conmigo. Muy amable.
Pero vale, bien, venga, es verdad que ya tengo 30. Es sólo casualidad. Aceptamos barco.

Tic, tac, tic, tac

Tic, tac, tic, tac

Después vinieron las empresas de contactos tipo Meetic. “¿Buscas a tu pareja ideal? Pues ya lo hacemos nosotros por ti, que es evidente que tú sola no sabes”.
Bien, vale, a lo mejor no es eso exactamente lo que dice, pero lo parece. Y teniendo en cuenta mi historial, tampoco es que pueda culparles, pero… jo, aún soy joven y tengo esperanzas. Las tengo, ¿verdad?.

Supongo que los anuncios de los últimos 15 días dan la respuesta: actividades para solteros y artículos eróticos de 50 Sombras de Grey. Creo que el nuevo mensaje de Facebook es “ya que no vas a conseguir novio estable en esta vida, al menos sal a divertirte un poco, reina”.
Hasta las redes sociales han perdido la fe en mí (snif, snif).

La Crisis de los 30

La verdad es que la crisis de los 30, llevada con más o menos dignidad, es real y más en las actuales circunstancias, como explican muy bien los creadores de la Generación Perdida.
La mayoría se veía a estas alturas casado, con sus 2,3 hijos (o al menos planeándolos), un buen trabajo, un buen sitio en el que vivir, un lugar al que ir a pasar los fines de semana, el perro (gato en mi caso), colonias en la luna, mochilas propulsoras, comida desecada y vehículos voladores.
Visto lo visto, es evidente que nos han timado.

Y los principios que nos han inculcado desde críos no ayudan en absoluto. ¿Cuántas veces hemos visto en las comedias románticas americanas que sólo las fracasadas llegan solteras a los 30, sin importar lo bien que le vaya en todos los demás aspectos de su vida? ¿Cuántas películas de mujeres terriblemente exitosas que se dan cuenta de lo vacía que era su vida hasta que encontraron el verdadero amor? ¿Cuántas veces hemos oído esa estadística (que ni siquiera sé si es real) que dice que a partir de los 40 es más probable que te secuestre un terrorista que el que encuentres un hombre con el que casarte (ni siquiera que te quiera, sólo casarte)?

Muchas veces hacemos la broma de que la culpa de nuestro erróneo concepto de príncipe azul es de Disney. No sé si es cierto o no (yo me inclino por el sí, pero sólo porque no puede ser sólo culpa mía), lo que sí es cierto es que el factor edad es muy llamativo. La Bella Durmiente tiene 16 recién cumplidos ese mismo día, Blancanieves por ahí anda, Jasmín aún no ha llegado a los 18 (de hecho, para entonces tiene que estar casada) y dudo mucho que Bella tuviera edad legal para beber en Estados Unidos.
Si hasta Leia (princesa Disney por derecho propio desde finales de octubre) a los 18 era una influyente senadora, lideraba una rebelión contra el Imperio y tenía tiempo de ligar con el contrabandista y el piloto nuevo.

Los hombres tampoco lo tienen fácil si entramos en comparaciones, incluso si obviamos el pre-requisito imprescindible de tener un título nobiliario para ligar. A lo mejor Doogie Howser es un ejemplo muy radical, pero Aladín tampoco peinaba canas, precisamente. Joel Goodsen, el protagonista de Risky Business, monta un negocio de lo más lucrativo antes de salir del instituto (no vamos a entrar en la legalidad/moralidad del negocio, la cuestión es que lo tenía).
Ted Mosby, a los 25 tenía una vida tan perfecta y carente de preocupaciones que desde entonces su única prioridad y obsesión es encontrar a la mujer de su vida (y nadie discute que sus hijos son unos santos).
A los 18, Luke había salvado la Galaxia de la Estrella de la Muerte siendo uno de los dos únicos pilotos que sobreviven a la incursión y antes de los 23 provoca la eliminación del líder del Imperio trayendo la democracia a un montón de sistemas solares (con su correspondiente montón de planetas). Imita eso.

Los hermanos Skywalker, un difícil ejemplo a seguir

Los hermanos Skywalker, un difícil ejemplo a seguir

Si hasta los de Yo y El Mundo llegaron casados a la universidad.
Porque eso es en lo que piensas nada más salir del instituto: “aún estamos estudiando, no tenemos dinero, ni trabajo y nos estamos metiendo en un crédito estudiantil del que no saldremos hasta bien pasados los 35, pero, eh, somos jóvenes, estamos enamorados y todo va a salir bien aunque no tengamos dónde caernos muertos. ¡Casémonos!”.
Eso sí, vírgenes hasta el matrimonio, que hay que dar ejemplo a la juventud.

Pues yo a los 18 no pensaba en bodas, precisamente

Pues yo a los 18 no pensaba en bodas, precisamente

No sé si los 30 son los nuevos 20 o si se me está pasando el arroz sin que me dé cuenta, pero que hasta Facebook me esté comiendo la cabeza al más puro estilo abuela machacona es inquietante e irritante a partes iguales.
Y como vuelva a insinuar que podría querer algo del ridículo merchandising de 50 Sombras, me lío a hachazos con sus servidores. Yo sólo lo aviso.