Recomendaciones para un fin de semana de septiembre

Entre el millón de cosas que se podrán hacer este fin de semana en Madrid, hay dos a las que me habría gustado especialmente ir, pero por motivos más o menos ajenos a mi voluntad va a ser totalmente imposible:  EuroSteamCon y el Phenomena Experience.

Pero vayamos por partes:

EuroSteam Con

EuroSteam Con es un conjunto de eventos a nivel europeo relacionados con el Steampunk y organizado por un tal Marcus Rauchfuß.

No es que sea especialmente aficionada al tema, pero parece que Mikel López Iturriaga (sí, es hermano de Juanma y además escribe en El País) sí  lo es y lo comentaba ayer en su blog El Comidista (blog que deberíais seguir si os gusta cocinar y/o un estilo de escribir un poco ácido y sarcástico).

Lo primero, ¿qué es el Steampunk? Aunque me interesa y me llama la atención, no soy especialmente aficionada, así que ruego que los expertos me perdonen si comento algún error.
El steampunk comenzó como una corriente literaria que mezclaba la era victoriana con la ciencia ficción. Su premisa principal es que las fuentes de energía y la tecnología que conocemos no existen así que todo funciona con sistemas hidráulicos, vapor y mucho engranaje.
Probablemente no es la mejor definición del mundo, así que si queréis más detalles os recomiendo una visita a la wikipedia o un paseo por google, que os darán mucha más información que yo (que tampoco es difícil).

Prácticamente todo lo que yo sé del tema lo descubrí en una serie de cómics del mismo nombre de los grandísimos Chris Bachalo (a los lápices) y Joe Kelly (en el guión) y en La Liga de los Hombres Extraordinarios (los tebeos, no la película) con el no menos grande (y a veces incompresible) Alan Moore y dibujada por Kevin O’Neill.

Como en cualquier género literario, hay historias mejores y peores, pero la estética, en cualquier caso, me parece sumamente llamativa. ¿Cómo no va a gustarme? Vestuario victoriano y aparatitos futuristas, no se puede pedir más.

Portada de Chris Bachalo para el cómic Steampunk. Vale, ropa no hay mucha, pero las armas super chulas lo compensan

Portada de Chris Bachalo para el cómic Steampunk. Vale, ropa no hay mucha, pero las armas molonas lo compensan.

Como nunca he ido a una convención así, no me atrevo a recomendaros nada pero apuesto que habrá exposiciones bastante interesantes y las charlas serán, como mínimo, curiosas.

Lo que más me ha llamado la atención es ver que existe una comunidad steampunk tan activa en España porque es algo que jamás habría dicho. Durante estos dos días, habrá varias actividades en Madrid, Barcelona, Bilbao, Orense, Sevilla y Zaragoza. No está nada mal.

Sé de muchas otras asociaciones de aficiones que podrían considerarse alternativas (aunque mucho más conocidas) que serían absolutamente incapaces de organizar algo así en varias ciudades de la península, no hablemos a nivel europeo. Y no, no estoy mirando a nadie, paranoicos mal pensados.

Todo esto os lo cuento, no por simple altruismo, con un poco de suerte alguno se animará a ir y me hará el favor de mandarme las fotos, porque me muero de curiosidad.

Phenomena Experience

El otro gran evento al que me habría encantado ir este fin de semana es el Phenomena Experience que tendrá lugar hoy en Barcelona y el domingo en Madrid.

El Phenomena, que poco a poco va haciéndose cada vez más conocido (lo que me parece fatal porque entonces las entradas se acabarán antes), es a grandes rasgos una excusa para la nostalgia. Lo que pretenden, dicen casi literalmente en su web, es recuperar la ilusión de esas películas que nos marcaron cuando éramos pequeños.

Y viendo las películas que traen este fin de semana, desde luego lo consiguen: En Busca del Arca Perdida y ¿Quién Engañó a Roger Rabbit? ¿Se puede ser más ochentero que eso? ¿Se puede molar más que eso?

Todo un homenaje a George Lucas y dos de las películas que más grimita (pero de la buena) me daban cuando era pequeña. ¿Quién no ha visto alguna vez el final de El Arca con las manos en la cara y mirando entre los dedos sin querer mirar pero sin poder evitarlo? Por cierto, alguien debería investigar la obsesión por derretir personas (o nazis y dibujos animados, para el caso) que parece tener esta gente.

Cartel Promocional del Phenomena

Cartel Promocional del Phenomena

El no ir ha sido una decisión totalmente meditada entre dos disyuntivas igual de interesantes, pero no ha sido una elección fácil así que quiero que sepáis que todo el que tenga entrada me cae mal en este momento. Y posiblemente en un futuro próximo.

Y si no la habéis conseguido, bueno, es una lástima, pero vuestro dolor palidece ante mi terrible sufrimiento así que no me dais ninguna pena. Nunca he creído en eso de mal de muchos.

Ahora en serio, espero sinceramente que los dos eventos vayan muy bien y sean un éxito de crítica y público porque siempre está bien tener alternativas de ocio originales y baratas.

Y sobre todo, porque eso significará que habrá más ediciones y con un poco de suerte yo podré ir.

50 Sombras de venga ya, hombre

Pues resulta que este mes de septiembre ha tenido castings controvertidos más allá de Ben Affleck en el papel de Bruce Wayne para la secuela de ese engendro que ha sido Man of Steel (y de lo que no os quepa duda que hablaré en algún momento).

La autora de la saga 50 Sombras por fin ha revelado quién encarnará a sus personajes en la pantalla grande y parece ser que la elección no ha entusiasmado a los fans, precisamente.

Lo que me desconcierta de este tema no es la reacción airada de los seguidores de la serie, que estas cosas pasan siempre. Y tampoco voy a entrar en si Dakota Johnson (hija de Don Johnson y Melani Griffitt, lo que supongo que la convierte en hijastra de Antonio Banderas) y Charlie Hunnam harán un buen trabajo o no. No creo haberles visto actuar jamás y si lo he hecho no lo recuerdo (lo que no tiene por qué ser necesariamente malo).

Les presentamos a Anastasia Steele y Christian Grey

Les presentamos a Anastasia Steele y Christian Grey

Mi problema con esto es el fenómeno de 50 Sombras per sé.

Quiero decir… entiendo lo que es ser fan y la histeria por tu actor, cantante, autor o dibujante de cómics favorito (y el que siempre tartamudee delante de Mark Buckingham no tiene nada que ver).
Entiendo que hay chicas que se desmayan sólo por tener a Mario Casas cerca, comprendo que hay gente en el mundo que de verdad querría casarse con el Edward de Crepúsculo y hasta acepto que vivo en un planeta en el que una carita sonriente de Justin Bieber recibe cientos de miles de retuits. Puede no gustarme, pero lo entiendo. En serio.

Blanca Nieves y Lobo para Mark Buckingham para la web Trazos en el Bloc

Blanca Nieves y Lobo by Mark Buckingham para la web Trazos en el Bloc.

Lo de la saga de E.L. James va más allá de lo que puedo entender.

Me parece muy bien que te gusten los relatos eróticos. Incluso los abiertamente pornográficos. Como si tienes una cuenta premium en todorelatos o toda la colección de la sonrisa vertical, pero lo de ir leyéndolo en el metro… No sé, hay cosas que yo, personalmente, prefiero mantener en el ámbito privado. Que a lo mejor resulta que soy una mojigata, pero no termino de verle la gracia a que todo el mundo en un vagón saturado sepa que voy más caliente que el pico de una plancha. Quizás soy rara.

Aunque, bien, vale, sucumbes al márketing y a la presión social y decides hacerte con un ejemplar y te lo lees donde consideras pertinente, con todo el exhibicionismo que quieras que para eso eres tú quien está leyendo. Yo también lo hice, lo confieso (leerlo, las historias de exhibicionismo las dejo para post que no corran el riesgo de ser leídos por ningún hombre con quien comparta apellido).

La diferencia está en lo que haces cuando lo terminas. Mi reacción fue pensar “Oh, Jesús. Y habrá gente que pague dinero por esto”.
Pero es que hay por ahí toda una horda de seres humanos que al terminar piensan “Oh, Jesús, qué bonito, estoy deseando leerme el siguiente”.

Y eso es lo que yo no entiendo.

Para empezar, la historia está tan trillada que ni siquiera es suya: hasta la autora reconoce que es una mala adaptación de Crepúsculo llevada al mundo del sadomasoquismo. Bueno, acepta lo de la adaptación, supongo que le costará un poco más aceptar en público que parece que está escrita por una niña cursi y poco lista de 3º de la ESO (sin querer ofender a ninguna chica de la ESO).

Las tan alabadas escenas de sexo se pueden contar con los dedos de una mano y son tan poco creíbles que te hacen pensar que los hijos de E.L. tienen que ser adoptados porque esta mujer no ha podido tener sexo de verdad en la vida.
Aunque visto de otra forma, si tiene la facilidad de Anastasia Steele para llegar al orgasmo, entonces es una persona increíblemente afortunada.

Pero es que, además, los personajes son para darles de bofetones hasta que se te caiga la mano sólo para ver si espabilan un poco.

Aquí es cuando empiezo a destrozar el libro paso a paso. Si por casualidad quieres leértelo este es el momento de buscar otro blog para hoy. Si por el contrario, aunque sientes curiosidad tienes aprecio por tus neuronas, sigue aquí y ahórrate sufrimiento.

Christian Grey es, en apariencia el sueño de toda chica: guapo, divertido, rico, inteligente… Sólo tiene un minúsculo problema. ¿Qué le va el sado? No. Mientras sea consentido y les guste a los dos, soy muy fan de que cada uno haga en su cama (o la superficie que prefiera) lo que considere oportuno.
El pequeño secreto del perfecto Señor Grey es que es un saco de traumas que necesita un psicoterapeuta con notable urgencia.
Resulta que al bueno de Christian le gusta jugar duro en el sexo porque su madre biológica le maltrataba de pequeño.  Parece ser que a los señores Grey no se les ocurrió nunca llevar a un niño maltratado a terapia cuando lo adoptaron porque el pobre Chris siempre se sintió diferente al resto de sus hermanos (este es un momento muy tierno, recordadlo). Pero no pasa nada, porque una amiga de su madre adoptiva se da cuenta de su problema y para ayudar decide enseñarle los caminos del BDSM ¡a los 15 años!
Muy lógico y sano todo y estupendo para ayudar a desmitificar y normalizar este tipo de parafilia (que es una de las principales cualidades que le atribuyen al libro).

Anastasia Steele debería entrar directamente en la antología de personajes femeninos que avergüenzan mucho a sus congéneres.
Cada vez que oigo/leo decir a una chica que quiere ser como Anastasia me entran ganas de preguntarle si su aspiración en la vida realmente es ser insegura, manipulable y más bien poco inteligente.
Aunque acepto que no todo el mundo es aficionado a la tecnología, digo yo que una recién licenciada por una de esas universidades que no están al alcance de todos en los Estados Unidos debería saber, por lo menos, encender un portátil sin que parezca que ha necesitado una ingeniería informática.

Y luego está lo de la diosa interior que le habla y frunce el ceño. ¿Qué diablos se supone que es eso? ¿Oye voces? ¿Es un principio de doble personalidad? ¿Le pide que queme cosas? No nos vamos a engañar, la historia ganaría puntos enteros si la diosa le empezara a dar instrucciones para que los matara a todos.

Por no hablar del hecho de que deja que Christian le haga lo que le salga de las narices (o de otra parte del cuerpo) no porque sienta curiosidad o porque quiera probar cosas nuevas. La única motivación de Anastasia es que él la quiera, que es exactamente el ejemplo que queremos dar a las nuevas generaciones. Todo el tema masoquista le apetece más bien poco y le da más mal rollo que otra cosa. Pero si hay que dejarse azotar para conservar a tu novio, pues te dejas, puñetas. ¿No he mencionado ya que es rico y guapo?

Y además está encantada con un novio controlador y agobiante que parece ser que es lo que queremos todas. Y yo sigo pensando que debo de ser rara porque a mí se me presenta un tío en mi graduación o en una fiesta con mis amigos sin que le haya invitado y me mosqueo. Me persigue al otro extremo del país mientras estoy de vacaciones y directamente llamo a la policía. Pero no… resulta que eso es romántico.

Y esta, señoras y señores, es la pareja romántica de moda. Hacen que Bella y Edward parezcan normalitos, pero las mujeres se lo leen como si fuera algo a lo que aspirar.

Podría ser peor

Podría ser peor. Podrían ser Christian y Anastasia.

Si a pesar de mi sutil crítica sigues queriendo leerte este despropósito al que llaman libro, te recomiendo que lo hagas con el acompañamiento de la lectura en directo que hicieron en la web de Norma Jean. El libro seguirá siendo un asco, pero al menos te reirás en el proceso.

Y luego leed Jane Eyre, por favor, aunque sólo sea para compensar.

Buscando a John McClane

Aviso a navegantes: ahí arriba pone “Alerta Spoilers” y lo pone por un buen motivo. Voy a hablar de una película reciente y eso implica que mencionaré partes de su trama, diálogos y/o escenas. ¿Significa eso que voy a destripar cada fotograma de arriba abajo sin dejarme el más mínimo detalle del guión? Pues no.
Lo que significa es que me niego tajantemente a ir poniendo alertitas cada vez que vaya a hacer una referencia directa. Sí que avisaré cuando sea algo muy gordo, pero vamos a sobreentender que, tratándose de una película de acción, hay gente que se muere y cosas que estallan. Que conste que he avisado, luego no quiero quejas.
Una vez aclarado el asunto, vayamos al tema.

Me gusta John McClane. No en plan “uhmm, cuánto me gustan las galletas de chocolate”. No, me gusta en plan “ponme una Jungla, dame un bol gigante de palomítas y una cocacola y ya te puedes olvidar de mí las próximas dos horas”.

A finales de junio de 2007 un amigó consiguió cuatro entradas para el preestreno de Transformers, la primera. Cuando hablo de esa noche, no cuento que estaba sentada al lado del tío del que estaba colgada por aquel entonces, ni si Transformers me gustó o no (que sí, me gustó) ni en la paliza que me pegué después del cine haciendo maletas porque me mudaba cuatro meses a Badajoz al día siguiente y aún no había preparado ni el bolso.

Lo que cuento de aquel preestreno es el momento cumbre en los trailers. Un par de explosiones, Bruce Willis haciendo un chiste malo. Pregunto a mi amigo “¿crees que…?”. “No creo, no puede ser, ¿no?”. Pero luego ves un helicóptero derribado por un coche patrulla y ya no hay lugar a dudas. Sólo un “yipi kay yei, hijo de puta” podría haber sido más esclarecedor (por cierto, me he molestado en buscar en google como se escribe la expresión y no hay consenso, así que nada de críticas). La Jungla 4 estaba en camino y un “¡SÍ!” con voz femenina resonó en la sala repleta por encima del sonido de la pantalla (por supuesto, a pesar de la creencia popular, no fui yo, fue una chica que había delante con una voz asombrosamente parecida a la mía).

Así me gusta John McClane. Mi pequeño placer culpable.

Mis pequeños placeres culpables: los bombones y John McClane

Ni siquiera puedo escudarme en el hecho de haber sido criada por chicos, estoy segura de que si le contara a cualquiera de mis hermanos que me gasté dinero en ir a ver la última de la Jungla de Cristal, me darían un capón por boba. Pero ellos no lo entienden, las secuelas también son divertidas.

Aún así, recibí la noticia de esa cuarta entrega con cierta reserva. Por mucho que sea el Willis, una cuarta parte podría ser realmente infumable. Pero era McClane y esta vez el rehén era su hija, tenía que ser como mínimo entretenida. Fue un argumento estupendo para convencer a mis amigos porque ni una horda de zombies en la puerta de casa me hubiera impedido ir a verla y prefería no ir sola, es menos patético.

Y desde luego, fue entretenida. Lucy McClane entró por derecho propio en mi galería de heroínas y ella ni siquiera es lo mejor de la película. Aquello era la Jungla de Cristal a lo bestia y con más de todo: más explosiones, más muertes imposibles, más bromas y sarcasmo, más chulería y, principalmente, más McClane’s que nunca.

Lucy McClane for President!

Así que con estos precedentes, cuando vi el trailer de la Jungla 5 (que sé que oficialmente no se llama así, pero siempre será su nombre popular), no pude más que alegrarme: si Jack molaba sólo la mitad que su hermana, iba a pasármelo en grande.

La Jungla 5

Una vez vista la película sólo podría explicarla de dos maneras:

En la primera explicación imagino un mundo idílico donde un guionista presentó semejante aberración a la saga y al género de acción en general (que nunca ha sido el más exigente ni sesudo, tampoco vamos a engañarnos) y el guionista en cuestión fue expulsado para siempre de la oficina del productor, Hollywood, Los Ángeles, California e intentarían crear una ley para poder deportarlo aunque tendrían muchos problemas para que cualquier otro país del planeta quisiera aceptar al sujeto.

Por supuesto, la película no sólo nunca sería rodada sino que cualquier prueba de su existencia quedaría sepultada en un bunker infranqueable junto con Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal, X-Men: La Decisión Final y Star Wars: El Ataque de los Clones, que tampoco llegaron a materializarse nunca.

En un mundo perfecto esto jamás hubiese sucedido

La segunda explicación, me temo que sucede en el mundo real y sólo se puede resumir de una forma: ¡Vaya miiiiiiiierda de película!. Así, con muchas íes, de esas que se vuelven agudas, te llenan la boca y te salen del alma.

Eso tiene de John McClane lo que yo de monje budista. Y por si os lo preguntáis, no, el naranja no me va.

Veamos las características de una Jungla de Cristal típica y comprobemos si se cumple alguna de ellas en esta secuela:

– Explosiones imposibles:
Bien, imposibles son, eso desde luego.
Yo sé que este género depende mucho de la disposición del espectador a aceptar una suspensión de la incredulidad cogida más bien por los pelos, pero es que sólo se salvan un par de escenas. En el resto, lo único que puedes pensar es que a esta gente se le ha terminado de ir la pinza por completo.
Y luego está esa gracia/momento de muchísimo impacto y acción, repetido no menos de tres veces, de saltar por la ventana para salir de cualquier parte, independientemente de si es para huir de una explosión, disparos o para ir a comprar el pan. ¿Por qué usar la puerta pudiendo caer desde un décimo piso? Las escaleras son para nenas.

– Malos con carisma:
Ja.
Es más, lo subo a “ja, ja”.
Dejadme decirlo así, la mención a Hans Gruber en la tercera película, muerto en el Nakatomi Plaza unos siete años antes, tiene más carisma que todos los malos de la quinta juntos.
El más interesante de ellos es el hermano comunista perdido de The Rock. Aparece casi al final, nadie sabe muy bien de dónde, sólo para ser el esbirro con músculos. Creo que no tiene dos frases enteras y no juntará cinco minutos de metraje en total. Eso sí, sabes que es muy malo y muy machote porque va sin camiseta en mitad de Rusia y tiene unos enormes tatuajes comunistas. Aún así, es el mejor con diferencia.

The Rock está muy contento porque ha encontrado a su gemelo ruso

– Muertes chulas:
Nop.
Hay una que te pilla desprevenida, eso es cierto. Y otra que podría llegar a ser sorprendente si te has quedado ciego y sordo los diez minutos anteriores.
Y ya.
Nada de tirarte un todo terreno encima, nada de dejarte caer de un rascacielos, nada de derribar helicópteros de forma creativa… Alerta Spoiler de Órdago: sí que hay un helicóptero que cae, supongo que en un intento de no perder las tradiciones, pero aún no tengo ni idea de por qué sucede. Tú eres el malo, tienes el transporte para huir y en lugar de salir corriendo, optas por envestir el edificio donde están tus enemigos por si acaso los matas. Pues claro.
Eso sí (Alerta Spoiler Again), estoy bastante segura de que Jack McClane comete un asesinato en primer grado sin ningún pudor. No vamos a decir que el padre sea un santo, pero nunca le he visto matar si no era en defensa propia o ajena.

– Conversaciones divertidas con el malo:
Ni divertida ni de ninguna otra clase.
Hay un momento en el que están en la misma habitación con uno de los terroristas principales y parece que quizás, a lo mejor, John va a recordar quien es y hará algún chiste. Pero no. Lo que ocurre realmente es que el tipo en cuestión empieza a medio bailar claqué (a mí no me preguntéis).
Luego, cuando tiene que crear una distracción, en vez de empezar a soltar barbaridades para despertar la curiosidad y/o provocar la ira del maloso, lo que hace es empezar a reírse él solo y porque sí. Supongo que pensando en la pasta que va a cobrar por esa mierda.
Que te pasas media película pensando, “Dale John, vamos. Vamos, John, ahora. Venga, tú puedes” y al final lo repites tantas veces que Agustín Jiménez debería cobrarte derechos de autor. Pero no, es evidente que no puede.

– Sarcasmo y chistes malos pero graciosos:
Cero. Si fuera posible entraría en negativos, directamente.
Hay un momento en el que dice “vaya mierda de piso franco” y creo que se supone que es un momento divertido, pero como en realidad sólo es la constatación de un hecho, también podría ser que me equivoque. Además, no sé si con motivo o no, me pareció algo que diría mi padre con una cerveza en la mano antes de cambiar de canal. Un pensamiento muy anticlimático.

– Chulería:
De eso sí que hay, aunque como no hay malos que le persigan, sino más bien todo lo contrario, con el que decide ponerse borde y chulesco es con su hijo largamente perdido. Que si normalmente le hablaba así, no me extraña que optara por irse a otro continente.
Menos mal que se supone que están intentando hacer las paces, que si no a lo mejor se decide por darle una ligera paliza cada 15 minutos.

Jack McClane

La verdad es que no tenía muchas esperanzas en Jack. No había más que ver el cartel para darse cuenta de que está diseñado como un clon de Bruce Willis. Además, su hermana había puesto el listón muy alto. Prometo que nunca me canso de ver el “papá, ya sólo quedan seis”.

La versión 2.0 ni se acerca al original

Pero Jack es un McClane, así que aunque sólo fuera la mitad de chulo piscinas que su padre y su hermana, la entrada ya habría valido la pena. Bien, no fue así.

Resulta que lo único bueno que puedo decir de él es que tiene una tolerancia al dolor tan alta que debería plantearse el ir a ver al Doctor House no vaya a ser que tenga una de esas enfermedades raras.

En un momento dado, ese en el que todo parece perdido y que los malos van a ganar (uno de esos en los que John se crecería, se sacaría un truco de la manga y algo acabaría explotando mucho), Junior opta por sentarse en el suelo y lloriquear que la misión ha fracasado.

¿En serio? ¿Pero qué mierda de McClane es éste? O se dio un golpe muy fuerte en la cabeza cuando era pequeño o es adoptado, porque me niego a creer que ese piltrafilla es hijo de sus padres. Si hasta Holly da más guerra en el Nakatomi que él. ¿Qué los malos han huido? Pues se les sigue, puñetas, que no es tan difícil.

El personaje está tan mal hecho y el actor es tan malo que me ilusioné media película con que todo era un truco y que en cualquier momento aparecería Lucy para arreglarlo. No apareció. Imagino que hasta ella se dio cuenta de que aquello no tenía solución posible.

La Fuerza del Cariño

El mayor problema que le veo, es que quieren que los personajes se pongan tiernos para arreglar sus problemas familiares mientras siguen siendo supermachotes. Por supesto, no logran ni una cosa ni la otra y en el proceso se olvidan de los villanos, el argumento y cualquier tipo de humor.
Sólo el plano final es como para hacer vomitar las palomitas al más cursi.

Que si hubiera querido ver una historia familiar o con moraleja, me habría puesto La Fuerza del Cariño o Padres Forzosos. O Cosas de Casa que al menos habría visto a Carl Winslow (también conocido como Sargento Al Powell).

1, 2, 3… 4, 5, 6… yo me calmaré, todos lo veréis

Pero no todo es malo. Hay una cosa que realmente me pareció estupenda: es piadosamente corta. Poco más de hora y media.

En conclusión, si quieres ver al héroe del Nakatomi Plaza, al tipo que hizo estallar un avión para crear unas luces de aterrizaje para su mujer, el que es capaz de matar al conductor de un camión mientras controla el derrape de su coche, a ese que amenazó a Kevin Smith con inflarle a hostias en su propia casa si no le ayudaba… Si buscas a ese tío, mejor alquílate El Último Boy Scout, esa secuela no reconocida de La Jungla, porque en el cine no lo vas a encontrar.