Dioses de la Tecnología

Ya hace años, era frecuente oírme decir frases como “no está estropeado, es que tiene una personalidad muy particular y no le gusta todo el mundo” para hablar de alguno de los aparatos que poblaban mi antiguo dormitorio. No había aparato tecnológico en mi posesión que no tuviera, cuanto menos, alguna ligera particularidad: televisiones que sólo se encienden desde cierto ángulo, ordenadores que se ponían en marcha con la sutileza de un avión a reacción al despegar, reproductores de DVD que se saltaban capítulos de forma aleatoria dependiendo de si la serie les gustaba o no (era evidente su preferencia por Expediente X por encima de las Chicas Gilmore)…

Durante mucho tiempo pensé que eran anécdotas aisladas, casualidades. Sin embargo, hace años comencé a sospechar que quizás podría haber algo más tras estos incidentes. Sobre todo después de matar tres ordenadores en menos de dos semanas por el simple hecho de introducir mi clave de acceso en el trabajo. Empezaba a parecer evidente que la tecnología y yo no nos llevábamos bien y esa tendencia sólo ha empeorado en los últimos años hasta llegar a límites insostenibles.

Sherlock Holmes decía que cuando eliminas toda solución lógica a un problema, lo ilógico, por imposible que parezca, debe ser la verdad. Basándome en ese mismo principio, he llegado a la única conclusión posible para explicar los sucesos de los últimos meses: los Dioses de la Tecnología existen, nos vigilan y me odian.

Ni siquiera sé por qué me odian. Llevo semanas pensando en ello, pero no se me ocurre ningún hecho tan desastroso o cruel por mi parte que me haga merecer semejante penitencia. Me están torturando de tal forma que de vez en cuando no puedo evitar entrar en modo David Summers y empezar a tararear “¿qué te he hecho yo?”. A veces incluso llego al “¿por qué eres así?”. Es terrible.

¿Será que me he acercado demasiado a la verdad y temen que revele su existencia? ¿Quizás estoy destinada a acabar con una super-raza de electrodomésticos psicópatas y por eso intentan destruirme desde mi más tierna infancia?

Seguramente estáis pensando que ya se me ha vuelto a olvidar tomar la medicación, pero es la única explicación posible a un móvil de funcionamiento aleatorio, una tele que se ve verde en cuanto se calienta un poco y dos ordenadores portátiles fulminados en menos de dos meses.

Seguro que también os ha pasado a vosotros, pero no habéis sabido distinguir las señales. Ese móvil que se apaga sin avisar la tarde que estás esperando una llamada importante, la tele que se apaga en el momento justo del gol del siglo, el ordenador que se cuelga misteriosamente (borrando todo tu trabajo de las últimas horas) pero que vuelve a funcionar como si nada 3 segundos antes de que el técnico llegue a revisarlo.
Son ellos, son sus pequeñas venganzas pero las disimulan en forma de batería defectuosa o amigo que se ha sentado encima del mando a distancia sin querer.

Y no, el que mi tele y mis portátiles tengan el equivalente tecnológico a la edad de Matusalén o el que yo sea extremadamente torpe y mi móvil acabara en un charco de cerveza no tiene nada que ver con esto.

Los dioses de la tecnología existen, son crueles y vengativos y disfrutan viendo nuestro sufrimiento. No digáis que no os lo advertí.

PD: ¿Veis como tengo razón? Por motivos inexplicables esta entrada, que tendría que haberse publicado a las 9 de la mañana, ha decidido que le daba pereza y he tenido que volver a subirla.
Existen y van a por nosotros.

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2 pensamientos en “Dioses de la Tecnología

    • Y yo pensando que ibas a decir que su pésimo gusto es por atacarme a mí, que soy adorable.

      Pero no, en serio, a mi anterior reproductor no le gustaba demasiado las Chicas Gilmore. Y de las series de dibujos sólo toleraba Batman The Animated Series.
      Veronica Mars le gustaba tanto que a veces no me dejaba pararlo.
      En películas era obvio que odiaba profundamente Star Trek, no había forma humana de verla entera.

      El nuevo es más tolerante, pero aún así, de vez en cuando intenta saltarse algún capítulo del Ala Oeste.

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