Buscando a John McClane

Aviso a navegantes: ahí arriba pone “Alerta Spoilers” y lo pone por un buen motivo. Voy a hablar de una película reciente y eso implica que mencionaré partes de su trama, diálogos y/o escenas. ¿Significa eso que voy a destripar cada fotograma de arriba abajo sin dejarme el más mínimo detalle del guión? Pues no.
Lo que significa es que me niego tajantemente a ir poniendo alertitas cada vez que vaya a hacer una referencia directa. Sí que avisaré cuando sea algo muy gordo, pero vamos a sobreentender que, tratándose de una película de acción, hay gente que se muere y cosas que estallan. Que conste que he avisado, luego no quiero quejas.
Una vez aclarado el asunto, vayamos al tema.

Me gusta John McClane. No en plan “uhmm, cuánto me gustan las galletas de chocolate”. No, me gusta en plan “ponme una Jungla, dame un bol gigante de palomítas y una cocacola y ya te puedes olvidar de mí las próximas dos horas”.

A finales de junio de 2007 un amigó consiguió cuatro entradas para el preestreno de Transformers, la primera. Cuando hablo de esa noche, no cuento que estaba sentada al lado del tío del que estaba colgada por aquel entonces, ni si Transformers me gustó o no (que sí, me gustó) ni en la paliza que me pegué después del cine haciendo maletas porque me mudaba cuatro meses a Badajoz al día siguiente y aún no había preparado ni el bolso.

Lo que cuento de aquel preestreno es el momento cumbre en los trailers. Un par de explosiones, Bruce Willis haciendo un chiste malo. Pregunto a mi amigo “¿crees que…?”. “No creo, no puede ser, ¿no?”. Pero luego ves un helicóptero derribado por un coche patrulla y ya no hay lugar a dudas. Sólo un “yipi kay yei, hijo de puta” podría haber sido más esclarecedor (por cierto, me he molestado en buscar en google como se escribe la expresión y no hay consenso, así que nada de críticas). La Jungla 4 estaba en camino y un “¡SÍ!” con voz femenina resonó en la sala repleta por encima del sonido de la pantalla (por supuesto, a pesar de la creencia popular, no fui yo, fue una chica que había delante con una voz asombrosamente parecida a la mía).

Así me gusta John McClane. Mi pequeño placer culpable.

Mis pequeños placeres culpables: los bombones y John McClane

Ni siquiera puedo escudarme en el hecho de haber sido criada por chicos, estoy segura de que si le contara a cualquiera de mis hermanos que me gasté dinero en ir a ver la última de la Jungla de Cristal, me darían un capón por boba. Pero ellos no lo entienden, las secuelas también son divertidas.

Aún así, recibí la noticia de esa cuarta entrega con cierta reserva. Por mucho que sea el Willis, una cuarta parte podría ser realmente infumable. Pero era McClane y esta vez el rehén era su hija, tenía que ser como mínimo entretenida. Fue un argumento estupendo para convencer a mis amigos porque ni una horda de zombies en la puerta de casa me hubiera impedido ir a verla y prefería no ir sola, es menos patético.

Y desde luego, fue entretenida. Lucy McClane entró por derecho propio en mi galería de heroínas y ella ni siquiera es lo mejor de la película. Aquello era la Jungla de Cristal a lo bestia y con más de todo: más explosiones, más muertes imposibles, más bromas y sarcasmo, más chulería y, principalmente, más McClane’s que nunca.

Lucy McClane for President!

Así que con estos precedentes, cuando vi el trailer de la Jungla 5 (que sé que oficialmente no se llama así, pero siempre será su nombre popular), no pude más que alegrarme: si Jack molaba sólo la mitad que su hermana, iba a pasármelo en grande.

La Jungla 5

Una vez vista la película sólo podría explicarla de dos maneras:

En la primera explicación imagino un mundo idílico donde un guionista presentó semejante aberración a la saga y al género de acción en general (que nunca ha sido el más exigente ni sesudo, tampoco vamos a engañarnos) y el guionista en cuestión fue expulsado para siempre de la oficina del productor, Hollywood, Los Ángeles, California e intentarían crear una ley para poder deportarlo aunque tendrían muchos problemas para que cualquier otro país del planeta quisiera aceptar al sujeto.

Por supuesto, la película no sólo nunca sería rodada sino que cualquier prueba de su existencia quedaría sepultada en un bunker infranqueable junto con Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal, X-Men: La Decisión Final y Star Wars: El Ataque de los Clones, que tampoco llegaron a materializarse nunca.

En un mundo perfecto esto jamás hubiese sucedido

La segunda explicación, me temo que sucede en el mundo real y sólo se puede resumir de una forma: ¡Vaya miiiiiiiierda de película!. Así, con muchas íes, de esas que se vuelven agudas, te llenan la boca y te salen del alma.

Eso tiene de John McClane lo que yo de monje budista. Y por si os lo preguntáis, no, el naranja no me va.

Veamos las características de una Jungla de Cristal típica y comprobemos si se cumple alguna de ellas en esta secuela:

– Explosiones imposibles:
Bien, imposibles son, eso desde luego.
Yo sé que este género depende mucho de la disposición del espectador a aceptar una suspensión de la incredulidad cogida más bien por los pelos, pero es que sólo se salvan un par de escenas. En el resto, lo único que puedes pensar es que a esta gente se le ha terminado de ir la pinza por completo.
Y luego está esa gracia/momento de muchísimo impacto y acción, repetido no menos de tres veces, de saltar por la ventana para salir de cualquier parte, independientemente de si es para huir de una explosión, disparos o para ir a comprar el pan. ¿Por qué usar la puerta pudiendo caer desde un décimo piso? Las escaleras son para nenas.

– Malos con carisma:
Ja.
Es más, lo subo a “ja, ja”.
Dejadme decirlo así, la mención a Hans Gruber en la tercera película, muerto en el Nakatomi Plaza unos siete años antes, tiene más carisma que todos los malos de la quinta juntos.
El más interesante de ellos es el hermano comunista perdido de The Rock. Aparece casi al final, nadie sabe muy bien de dónde, sólo para ser el esbirro con músculos. Creo que no tiene dos frases enteras y no juntará cinco minutos de metraje en total. Eso sí, sabes que es muy malo y muy machote porque va sin camiseta en mitad de Rusia y tiene unos enormes tatuajes comunistas. Aún así, es el mejor con diferencia.

The Rock está muy contento porque ha encontrado a su gemelo ruso

– Muertes chulas:
Nop.
Hay una que te pilla desprevenida, eso es cierto. Y otra que podría llegar a ser sorprendente si te has quedado ciego y sordo los diez minutos anteriores.
Y ya.
Nada de tirarte un todo terreno encima, nada de dejarte caer de un rascacielos, nada de derribar helicópteros de forma creativa… Alerta Spoiler de Órdago: sí que hay un helicóptero que cae, supongo que en un intento de no perder las tradiciones, pero aún no tengo ni idea de por qué sucede. Tú eres el malo, tienes el transporte para huir y en lugar de salir corriendo, optas por envestir el edificio donde están tus enemigos por si acaso los matas. Pues claro.
Eso sí (Alerta Spoiler Again), estoy bastante segura de que Jack McClane comete un asesinato en primer grado sin ningún pudor. No vamos a decir que el padre sea un santo, pero nunca le he visto matar si no era en defensa propia o ajena.

– Conversaciones divertidas con el malo:
Ni divertida ni de ninguna otra clase.
Hay un momento en el que están en la misma habitación con uno de los terroristas principales y parece que quizás, a lo mejor, John va a recordar quien es y hará algún chiste. Pero no. Lo que ocurre realmente es que el tipo en cuestión empieza a medio bailar claqué (a mí no me preguntéis).
Luego, cuando tiene que crear una distracción, en vez de empezar a soltar barbaridades para despertar la curiosidad y/o provocar la ira del maloso, lo que hace es empezar a reírse él solo y porque sí. Supongo que pensando en la pasta que va a cobrar por esa mierda.
Que te pasas media película pensando, “Dale John, vamos. Vamos, John, ahora. Venga, tú puedes” y al final lo repites tantas veces que Agustín Jiménez debería cobrarte derechos de autor. Pero no, es evidente que no puede.

– Sarcasmo y chistes malos pero graciosos:
Cero. Si fuera posible entraría en negativos, directamente.
Hay un momento en el que dice “vaya mierda de piso franco” y creo que se supone que es un momento divertido, pero como en realidad sólo es la constatación de un hecho, también podría ser que me equivoque. Además, no sé si con motivo o no, me pareció algo que diría mi padre con una cerveza en la mano antes de cambiar de canal. Un pensamiento muy anticlimático.

– Chulería:
De eso sí que hay, aunque como no hay malos que le persigan, sino más bien todo lo contrario, con el que decide ponerse borde y chulesco es con su hijo largamente perdido. Que si normalmente le hablaba así, no me extraña que optara por irse a otro continente.
Menos mal que se supone que están intentando hacer las paces, que si no a lo mejor se decide por darle una ligera paliza cada 15 minutos.

Jack McClane

La verdad es que no tenía muchas esperanzas en Jack. No había más que ver el cartel para darse cuenta de que está diseñado como un clon de Bruce Willis. Además, su hermana había puesto el listón muy alto. Prometo que nunca me canso de ver el “papá, ya sólo quedan seis”.

La versión 2.0 ni se acerca al original

Pero Jack es un McClane, así que aunque sólo fuera la mitad de chulo piscinas que su padre y su hermana, la entrada ya habría valido la pena. Bien, no fue así.

Resulta que lo único bueno que puedo decir de él es que tiene una tolerancia al dolor tan alta que debería plantearse el ir a ver al Doctor House no vaya a ser que tenga una de esas enfermedades raras.

En un momento dado, ese en el que todo parece perdido y que los malos van a ganar (uno de esos en los que John se crecería, se sacaría un truco de la manga y algo acabaría explotando mucho), Junior opta por sentarse en el suelo y lloriquear que la misión ha fracasado.

¿En serio? ¿Pero qué mierda de McClane es éste? O se dio un golpe muy fuerte en la cabeza cuando era pequeño o es adoptado, porque me niego a creer que ese piltrafilla es hijo de sus padres. Si hasta Holly da más guerra en el Nakatomi que él. ¿Qué los malos han huido? Pues se les sigue, puñetas, que no es tan difícil.

El personaje está tan mal hecho y el actor es tan malo que me ilusioné media película con que todo era un truco y que en cualquier momento aparecería Lucy para arreglarlo. No apareció. Imagino que hasta ella se dio cuenta de que aquello no tenía solución posible.

La Fuerza del Cariño

El mayor problema que le veo, es que quieren que los personajes se pongan tiernos para arreglar sus problemas familiares mientras siguen siendo supermachotes. Por supesto, no logran ni una cosa ni la otra y en el proceso se olvidan de los villanos, el argumento y cualquier tipo de humor.
Sólo el plano final es como para hacer vomitar las palomitas al más cursi.

Que si hubiera querido ver una historia familiar o con moraleja, me habría puesto La Fuerza del Cariño o Padres Forzosos. O Cosas de Casa que al menos habría visto a Carl Winslow (también conocido como Sargento Al Powell).

1, 2, 3… 4, 5, 6… yo me calmaré, todos lo veréis

Pero no todo es malo. Hay una cosa que realmente me pareció estupenda: es piadosamente corta. Poco más de hora y media.

En conclusión, si quieres ver al héroe del Nakatomi Plaza, al tipo que hizo estallar un avión para crear unas luces de aterrizaje para su mujer, el que es capaz de matar al conductor de un camión mientras controla el derrape de su coche, a ese que amenazó a Kevin Smith con inflarle a hostias en su propia casa si no le ayudaba… Si buscas a ese tío, mejor alquílate El Último Boy Scout, esa secuela no reconocida de La Jungla, porque en el cine no lo vas a encontrar.

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4 pensamientos en “Buscando a John McClane

  1. Yo por suerte me la descargué y aguanté hasta que vino el helicóptero y se lanzaron por la ventana. Luego me dejé dormir para luego acabar quitándola. Ya sabía por donde iban los tiros cuando intentaron colar la relación algo forzada de McClane con su hijo postizo. Es para coger al guionista y darle de hostias. Al que lo contrató también.

    • Después de lo del helicóptero no deben de quedar más de 5 minutos, así que tampoco te perdiste nada.

      Lo que me tiene asombradísima es que ya se está hablando de la sexta entrega. Así que no sólo no van a dar de hostias al guionista sino que encima podría ganar aún más pasta. El mundo está loco.

  2. Seamos justos. Probablemente el guionista escribió algo que molaba y luego llegaron los productores y le dijeron “mete más escenas padre-hijo”, quita esas frases fanfarronas, no les cojo la gracia. Y el guionista como tenía que comer hizo lo que le decían 😛

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